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Mazón, chitón


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Uno de los enigmas que oscurece la fatigante realidad política española se configura en torno a la pregunta de por qué motivo el Partido Popular ha tardado tanto tiempo en mantener a Carlos Mazón (Alicante, 1974) como president de la Generalitat levantina. Y ello, por el presumible desgaste electoral y de legitimidad moral que tal demora va a acarrear, sin duda, al partido de la gaviota azul y a ese barón regional del PP, alicantino, licenciado en Derecho, anteriormente dedicado a la canción moderna en el grupo musical Marengo, como bagaje curricular diferencial.

La respuesta no parece fácil. Retener premeditadamente un episodio tan tóxico de esa manera, habida cuenta de la magnitud del almacén de rencor que exhibe el PP cada día, permite sospechar que tras la tardía dimisión de Mazón -que conservará su aforamiento, coche oficial, escolta y 94.000 euros anuales-, desde Génova se proponen relanzar la dana, desatendida criminalmente por Mazón y reconvertida en ariete contra el rostro de Pedro Sánchez. También contra el de Teresa Ribera, los del Gobierno de coalición en pleno y cuantas instituciones estatales tienen o hayan tenido que ver con la meteorología.

Pero, antes de adentrarnos por esta tortuosa senda, recorramos otra, no menos intrincada: Carlos Mazón dio sus primeros pasos en la política local de Alicante de la mano de su mentor político, el ejemplar exministro y ex Portavoz del Gobierno del PP, Eduardo Zaplana, condenado a 10 años de prisión y 17 años de inhabilitación por blanqueo de capitales, cohecho y prevaricación. Tiempo después, tras asumir una concejalía y dos direcciones generales del Gobierno Regional, Mazón llegó a la cumbre de la Generalitat valenciana impulsado, según medios informativos solventes, por Macarena Montesinos, lideresa del PP regional; ésta, a su vez, había alcanzado la cúspide de su partido a propuesta del entonces Secretario General, Pablo Casado.

Como se sabe, Casado líder nacional del PP, fue fulminantemente defenestrado en abril de 2022 junto con su mano derecha, aquel ingeniero de Telecomunicación murciano, devenido en campeón de lanzamiento de huesos de aceitunas, Teodoro García-Egea. Casado buscó su desgracia inmediata por atreverse a criticar al hermano de Isabel Díaz Ayuso como comisionista en una de las masivas adquisiciones de mascarillas sanitarias durante la pandemia de Covid 19. “¿Qué he hecho mal?”, se quejaba entonces Casado, en busca de una explicación a su desgracia política. Su defección abrió el paso a Alberto Núñez Feijóo a la cima del Partido Popular.

Llama la atención el silencio que Díaz Ayuso ha mostrado a lo largo de todo el proceso de erosión del PP por la continuidad de Mazón al frente del Gobierno regional en Valencia. Dado el maquiavelismo de su mentor, el asesor sin escrúpulos que reconoce haber mentido ante los jueces “porque soy periodista, no notario” y porque peina canas, ¿le convenía a ella debilitar, más aún, a Alberto Núñez Feijóo, según dicen los que saben de las interioridades del PP, o bien temía que Mazón dijera cosas inconvenientes para sus propósitos de liderazgo nacional? La repregunta es obvia: ¿conocía Carlos Mazón algunas de las claves, desconocidas en su partido y en la opinión pública, de la defenestración de Pablo Casado o de los negocios, como poco oscuros, del hermano de la presidenta regional madrileña? Ítem más: ¿era asimismo Mazón conocedor de algunos motivos que encriptaron la muerte de Rita Barberá, controvertida alcaldesa valenciana caída en desgracia dentro del PP por un presunto episodio de corrupción y muerta en soledad en un hotel madrileño?. “No dejes que te hagan un Rita Barberá”, le sugirió uno de sus colaboradores a Carlos Mazón para que continuara en el cargo.

¿Fue todo este turbión, tan hipotético como desgraciadamente posible, lo que determinó que Núñez Feijóo se viera obligado a no exigir al barón alicantino su dimisión irrevocable? ¿Por qué no lo hizo desde el minuto 0 posterior a los efectos devastadores de la dana, con sus 229 muertes y la ruina de media provincia de Valencia? ¿Por temor a que el antiguo cantante del grupo Marengo, Carlos Mazón, de nuevo, cantara? Es difícil pensar algo diferente, pero las preguntas sin respuesta solo son hipótesis.

¿Quiso, quizá, Mazón lavarse intencionadamente las manos de aquella aplazada decisión sobre la declaración de emergencia frente a la catástrofe, con el propósito de que la responsabilidad de lo sucedido recayera sobre el Gobierno de Pedro Sánchez? ¿Quiso además blindarse frente el Ejecutivo estatal, al echar mano de instituciones tan importantes como el Ejército, al nombrar para la reconstrucción de los 78 pueblos arruinados por la dana, a un teniente general, José Gan Pimpols, que hace tan solo unas horas se despedía de su reciente nombramiento por Mazón como Vicepresidente suyo, diciendo que la reconstrucción que le fue encomendada “no avanza según lo previsto”? Estas son algunas de las preguntas pertinentes que cabría plantear, dado el nivel de retorcimiento maquiavélico que vemos a diario al que han llegado algunos dirigentes regionales y nacionales del PP.

Malevolencia

Tratar de convertir a partir de ahora la dana en otra nueva arma arrojadiza contra el Gobierno -apartando el foco del dolor causado y de la reparación moral y económica a las familias de los 229 muertos derivados de inacción irresponsable de Mazón para no decretar la emergencia-, es de una malevolencia sorprendente. Era obligación de Mazón decidirla, pero fue olvidada, aún inexplicadamente por él, en un restaurante donde compartió al menos, mesa y mantel, con una señora que cambia consecutivamente de opinión hasta con tres versiones distintas sobre lo ocurrido en aquel reservado. Él dejó discurrir el tiempo, inactivo durante horas, mientras las aguas lo anegaban todo y la muerte segaba ya muchas vidas. El temor reverencial paralizó a muchos de sus consejeros, que callaron. Salomé Pradas, consejera de Medio Ambiente, fue al parecer la única que, según videos al respecto, se mostró concernida con la gravedad de los hechos e intentó conectar con Mazón, sin conseguirlo, mientras permanecía reunido con la periodista Maribel Vilaplana. Sin embargo, Pradas fue fulminantemente cesada. Todo corrobora la idea de que la actual dirección del PP valenciano se muestra deslegitimada para gobernar una región cuyas riquezas son observadas y tratadas desde la política con la ceguera de la avidez más desmesurada y codiciosa que quepa concebir.

Políticamente, la alternativa electoral a la actual derecha valenciana está en manos de la extrema derecha, a escala estatal incapaz también de adaptarse a los mínimos requisitos de conducta democrática, lo cual la incapacita igualmente para la rectoría del país. Resulta sonrojante que Vox haya apoyado a Mazón hasta el último momento. Vox, precisamente, cuyos líderes niegan el cambio climático de cuyo seno brotan las aterradoras danas que arrasan cada vez más letalmente países de medio mundo. ¿Qué clase de argumento puede justificar un apoyo político a Mazón de ese tipo, si no es el del oportunismo y el olvido de los sentimientos de la gente de a pie muerta, herida, dañada o arruinada por la dana e indignada por tanta inhumanidad?

Tal inhumanidad se ha convertido en un gran drama nacional, porque descalifica también de manera rotunda a la dirección de una formación política como el PP que, si fuera democrática, sería tan necesaria en el actual marco político estatal para expresar las legítimas aspiraciones de la población conservadora y consensuaría con el Gobierno la mejor manera de paliar los efectos de tan desgarrador desastre nacional. Sin embargo, la dirección vigente del PP hace tiempo que dejó de mostrarse democrática, al haber sacrificado sus otrora convicciones formales en el altar de un rencor abrasador y castrante contra la persona de Pedro Sánchez, rencor que ha convertido en punto único y exclusivo de su inexistente programa de acción política.

Así son las cosas. “No puedo más”, dijo Mazón antes de anunciar que dimitía el pasado 3 de noviembre. ¿Quién le obligaba a seguir y por qué razón –o presión- prosiguió sin hacerlo durante un cruel año entero? ¿Será capaz el PP de informar a los españoles y españolas de los motivos reales de su irresponsable apoyo al irresponsable president? ¿Es la ambición desmesurada por continuar en sus cargos, la causa primordial de tanta indolencia, que frisa la criminalidad, por parte del actual Gobierno autonómico que, salvo casos aislados como el mencionado de Pradas, se ha mostrado silente frente a las exacciones y aberraciones impolíticas registradas en Valencia o es algo más complejo todavía, que roza márgenes de degradación moral sin precedentes?

El prolongado silencio que ha implicado la continuidad de Mazón al frente del Gobierno de la Generalitat valenciana hasta su tan tardía dimisión proyecta sobre la política de la rica región levantina sombras inquietantes. Parece que ha obedecido, también, al propósito deliberado de hacer olvidar al pueblo lo sucedido entonces, pero aquello se grabó a sangre y fuego en los corazones de quienes sobrevivieron a la dana y nadie podrá arrancarlo de su memoria. La crueldad de quienes han prorrogado esta inhumana agonía, por acción u omisión, no ha tenido límite. Es hora de que, si la Justicia existe en España, y parece que sí existe encarnada en la jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, que instruye el caso, el peso de la ley recaiga sobre quienes tan desalmadamente la vulneraron.

Y en el plano político, la gente de a pie está harta de descoordinaciones entre instituciones que viven de espaldas no solo entre ellas mismas, sino también de espaldas a la ciudadanía. Es la que les vota y les financia para que se entiendan y satisfagan el interés general tan frecuentemente pisoteado por la arrogante ignorancia de tantos poncios irresponsables dotados de poder.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


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