¿Quién indujo el asesinato del escudero de Donald Trump?
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Claves hipotéticas del grave crimen político:
El reciente asesinato de Charles Kirk, activista principal del movimiento trumpista “Hagamos grande América de nuevo” (MAGA), ejecutado de un disparo en el cuello a larga distancia en Orem, en el estado norteamericano de Utah feudo tradicional de los mormones, añade una afilada arista más a la cortante situación sociopolítica vivida hoy en los Estados Unidos de América. Por ende, permite prever que proyectará nuevos haces de incertidumbre sobre la política estadounidense y, quizá, sobre la geopolítica mundial.
Como en todos los crímenes, se trataría de responder a la pregunta heredada de Roma, cui prodest, ¿a quién beneficia? este asesinato, que algunos analistas contemplan, preocupadamente, como preámbulo de un potencial magnicidio. Y ello por la importancia de la tarea que el difunto Kirk se asignó a sí mismo en su corta pero acelerada vida política -ya que ha muerto con apenas 31 años-: el protagonismo, como escudero de Donald Trump, de un proceso de agitación político-emocional sobre las bases electorales juveniles norteamericanas, para atraerlas hacia el supremacismo blanco y a posiciones antiinmigración, como consignas ideológicas cruciales para conseguir la reelección presidencial. Ello situó a Kirk en la primera línea como posible sucesor de Trump- en igualdad de condiciones con James David Vance, actual vicepresidente-, amén de acreditar al activista como consejero áulico sobrevenido, dados su ascendiente y su capital político acuñado.
¿Quién se beneficiaba en mayor medida de la desaparición de Kirk de la escena política y de la posible carrera a la sucesión de Donald Trump como futuro presidente? Es una de las preguntas a la que los investigadores policiales, primero, y los analistas políticos, después, habrán ellos y habremos nosotros de avanzar hacia la cabal respuesta. Desde luego, entre los beneficiarios pueden figurar inductores foráneos. Nunca puede descartarse esta hipótesis.
¿Qué estaba haciendo Kirk, antes de expirar, que molestara a qué individuo, poder, corporación o Gobierno para determinar su brutal ejecución sumaria? Su asesinato, ¿fue obra de un “lobo solitario”, en este caso un muchacho de 22 años provisto de un rifle automático con teleobjetivo, Tyler Robertson, nacido y vivido en una comunidad tan puritana como la de los mormones de Utah, a mayor abundancia, de modélica familia republicana (el gobernador del Estado, Spencer Cox, consideró como una desgracia, que fuera “uno de los nuestros” después de hacer votos inútiles porque fuera foráneo de Utah)? ¿O fue más bien ejecutada por otro individuo, un francotirador, un profesional de la puntería, capaz de acertar a herirle con una bala en el cuello -mortal de necesidad- a una distancia estimada en 180 metros como la policía dice que Tyler Robertson hizo?
Desde luego, el recorrido entre una respuesta y otra muestra una evidente bifurcación. Habida cuenta de la descontrolada proliferación de armas automáticas entre la sociedad estadounidense, más el grado de ultraindividualismo y de zozobra mental polarizada que rezuma por casi todos los poros de la sociedad norteamericana, cebada, entre otras causas, por discursos odiosos como los que propalaba el difunto Kirk y su patrón, Trump, la explicación más sencilla y menos comprometida consiste en determinar que Tyler actuaba por cuenta propia. Solo.
Sin embargo, el volumen de poder amasado en torno a la Presidencia de los Estados Unidos de América es tan enorme y codiciado, son tantos sus potenciales rivales y enemigos, que ese crimen permite avanzar hipótesis más elaboradas que las meramente simplistas. Un detective cualquiera rastrearía los perfiles de los rivales políticos de Trump en busca de quien más daño quisiera hacerle; pero un oficial de Inteligencia, experto en acción encubierta o en operaciones de falsa bandera, por ejemplo, no podría evitar considerar al propio mentor de Kirk como inserto en la lista de sospechosos. Imaginen la gravedad del supuesto teórico planteado: César se adelanta a Bruto e invierte su pulgar hacia abajo antes de que su pupilo le acometa mortalmente… Siguiendo este hipotético hilo, cabe peguntarse, ¿qué pudo llevar a enfrentar a Kirk con Trump o a Trump con Kirk para resultar presuntamente un desenlace como el aquí registrado?
Se quiera o no, es preciso tratar de descubrir las motivaciones políticas, de poder, que concurren en este caso. Hay quien difunde, entre los comentaristas políticos estadounidenses, que Kirk había iniciado una campaña sistemática desde el movimiento que preside, MAGA, para exigir la revelación de los integrantes del círculo de clientes sexuales del conseguidor y aplacador durante décadas de los vicios de la élite norteamericana, Jeffrey Epstein, entre los que se incluía el tráfico sexual con menores de edad. De aquella élite formó parte, con notoriedad, el propio Donald Trump, cuya popularidad procedía de haberse convertido en millonaria estrella televisiva a escala de la Unión como conductor de un célebre reality show. Tras aquella etapa de enorme popularidad, Trump cosechó la nombradía que le llevó por vez primera a la presidencia estadounidense en 2016.
Por otra parte, hay dibujos y testimonios según los cuales se confirma probadamente que Trump mantuvo lazos de amistad con Epstein el cual, por cierto, al estallar el escándalo que puso al descubierto sus actividades criminales, fue detenido y, al poco, hallado muerto -por presunto suicidio- en una celda de una prisión neoyorkina. Desde meses atrás, el entorno presidencial de Trump se opuso y se opone hoy, con uñas y dientes, a que la lista de clientes de favores sexuales facilitados por el conseguidor Epstein sea divulgada.
Es preciso recordar que el propio Donald Trump fue declarado culpable, en mayo de 2024, en un juicio, ante un tribunal de Manhattan, de costas millonarias, por haber negado haber pagado una suma igualmente millonaria a una ex actriz, directora de películas porno, Stephanie Clifford, de apodo Stormy Daniels, (tormentosa), para sellar con su silencio el haber mantenido con ella relaciones sexuales extramaritales en 2006, cuando Trump ya estaba casado con su esposa, Melania, exmodelo oriunda de Eslovenia. Con aquella operación Trump trataba de impedir que su relación dañara su primera campaña presidencial en 2016.
Cosecha de votos:
El segundo acceso de Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025, fue posible, al decir de sus allegados, gracias a decisivas cosechas de votos como la que Kirk, el activista asesinado ahora, le consiguió entre la juventud norteamericana.
Por otra parte, además de reivindicar con apremio la publicidad de la lista Epstein, Charlie Kirk, en su condición de conseguidor de votos y consejero áulico de Trump se habría enfrentado con él por considerar que en realidad es Benjamin Nethayahu, jefe del Gobierno genocida de Israel, quien dictaba al presidente de los Estados Unidos la política exterior y militar estadounidense; lo cual, según Kirk, enredaba a la nación norteamericana en guerras y enemistades estatales sobrevenidas, muy peligrosas para el prestigio y el poder estadounidense en el mundo. El dirigente sionista israelí, por su parte, tildó de falsas las insinuaciones al respecto difundidas por las redes sociales, consciente de la gravedad de este supuesto asunto por el riesgo de acentuar más aún el hartazgo de parte de la sociedad estadounidense por la dependencia sumisa a los designios políticos del político sionista. Los síntomas de hartazgo moral en Estados Unidos hacia el Gobierno de Israel afloraron meses atrás en los campus universitarios, donde brotó masivamente la denuncia de las prácticas genocidas del ejército israelí en Gaza. La desafección llega hasta las filas del ejército de Estados unidos, donde cunde el rechazo a participar en misiones de transporte de armas hacia Israel.
El Estado profundo:
Dentro de las hipótesis razonables que cabe añadir y formular, se abre paso con mayor entidad la que contempla la posibilidad de que fuera la razón de Estado, la emanación del Deep State, el Estado profundo norteamericano, la que explicara este asesinato. Ello obedecería, presumiblemente a que para esos círculos de poder que no dan la cara, Donald Trump estaría poniendo en juego el ascendiente político, económico, militar y moral del que Estados Unidos ha gozado sobre el mundo desde mediado el siglo XX hasta el inicio de su declive en nuestros días, que la política de Trump consideran que acelera. En esta hipótesis, Kirk habría actuado en nombre de la razón de Estado o del Deep State. Lo paradójico es que también hubiera actuado bajo tales pautas su asesino, en dos fases consecutivas de un mismo propósito, limitar los excesos de todo tipo del presidente.
Comoquiera que la polarización creada por el propio Trump convertiría su eliminación física -recordemos el asesinato de John F. Kennedy en 1963- en el gravísimo preludio de una conflagración civil en el seno de la sociedad estadounidense, lo sucedido en Utah sería o bien un aviso a Trump de que no siga por ese camino o bien demostrarle que su deriva autoritaria va a hallar contrapoderes de evidente fortaleza. Autonomizarse políticamente de los poderes fácticos reales en cualquier latitud tiene siempre un elevado precio a pagar por quienes emprenden esa arriesgada senda.
Por ello, sería explicable contemplar la hipótesis según la cual esos poderes han querido amenazarle liquidando a uno de sus principales apoyos, e instándole a cambiar su zigzagueante trayectoria política, errática en lo económico, ambigua en lo militar, sumisa a Israel en lo diplomático y caótica e impredecible por doquier, a grandes rasgos.
Claro que, esta tarumbancia de la trayectoria de Trump puede ser interpretada, injustamente, como coartada para achacarle actos que en realidad no ha cometido, si bien su desnortadas maneras de actuar políticamente abren margen para achacarle casi todo lo malo sucedido y por suceder.
Hipótesis foráneas:
En el ámbito de la posible inducción extranjera de este atentado criminal contra Kirk, tan vinculado al parecer a Trump, descartada la inducción interior, ¿se beneficiaría la Rusia de Putin de este crimen? ¿Qué rédito obtendría el residente del Kremlin con la eliminación del presidente estadounidense que más le ha lisonjeado durante sus dos mandatos y que muestra hacia él una política mucho más condescendiente que la que observa hacia sus propios aliados de Europa Occidental?
No parece que el caos sobrevenido hoy internamente en Estados Unidos pueda granjearle mucho rédito a la Federación Rusa en el largo plazo, es decir, en sus planes estratégicos que configuran y planifican la escena; con este canon del largo plazo se mueve también su aliado Xi Xinping, líder máximo de la República Popular de China, rival de primer orden frente al poderío de Washington… De momento, Trump adula a Putin y teme a Xi, pero Xi se encuentra cómodamente enfrentado con aquel, pues parece conocer bien sus vulnerabilidades. Por su parte, el presidente estadounidense parece comprometido en la tarea de alejar a los rusos de los chinos, de ahí su adulador tato a Putin, a costa de malquistarse con los medrosos dirigentes europeos, la tríada britano-germano-francesa Starmer-Merz-Macron, con la colaboración de la presidenta de la UE, Úrsula von der Layen.
Lo inquietante de la situación creada por el asesinato de Kirk es que ha mutado en un nuevo desgarro de la sociedad norteamericana, ya de por sí escindida en clases cada vez más enfrentadas por razones existenciales de desigualdad económica y política, a la que se agrega una radicalización ideopolítica sin precedentes.
Trump ha optado por atribuir a una supuesta extrema izquierda de Estados Unidos, por otra parte inexistente, la autoría del atentado. Menos mal que en su irresponsable logorrea, no ha acusado al Partido Demócrata de haber alentado el crimen. Mientras tanto, ha aprovechado el funeral por Kirk en Arizona para convertirlo en un aquelarre salpicado de intervenciones abyectas en clave fundamentalista paleocristiana, objetivamente anticristianas por su odio manifiesto a los inmigrantes, a los diferentes, a los pobres, a los que se achaca la responsabilidad de su miseria en un sistema que vive de reproducir la desigualdad socioeconómica más desaforada.
La puesta en escena allí desplegada en un acto funeral de masas sin precedentes parecía obedecer al deseo de los poderes fácticos de transformar un crimen en una coartada ideológica en clave religiosa para construir un relato edificante y martirológico en torno a la figura de Charlie Kirk.
Malos tiempos, en verdad, para la verdad y la paz. Quiera el cielo que aquella canción de Barry McGuire, Eve of destruction (Vísperas de destrucción) no sirva nunca para definir la situación en la que Estados Unidos se halla, como la realidad política de hoy parece allí confirmar.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.
La Redacción recomienda
- El Gobierno activa las ayudas frente a los incendios y aprueba una protección laboral extraordinaria para los afectados
- Pedro Sánchez: “Este Gobierno funciona y está haciendo avanzar a España hasta situarla en un lugar mucho mejor del que encontramos en 2018”
- El 52% de los mensajes de odio detectados por el OBERAXE en redes sociales durante el Mundial de Fútbol están vinculados al ámbito deportivo
- La pensión media del sistema de la Seguridad Social alcanza los 1.372,2 euros en julio, un 4,6% más que hace un año
- Más de 563.000 agricultores y ganaderos presentan la solicitud única de la PAC para la campaña 2026