Crónica del asedio. El “papel”
Antes de declararse oficialmente el estado de alarma, la alarma ya cundía entre la gente. Y una señal de la inquietud popular antes de que el Gobierno adoptase las medidas más rigurosas para prevenir el contagio del virus, ha sido el acopio de mercancías por iniciativa particular, sin esperar más instrucciones. El miedo al contagio del virus y al posible desabastecimiento si se daba el caso de que cesase totalmente la actividad productiva, se tradujo en la apremiante necesidad de adquirir bienes necesarios para hacer frente a un futuro incierto. La consecuencia han sido las aparatosas compras familiares antes de recluirse en los domicilios con la despensa llena y la nevera a rebosar, como si hubiera que resistir todo un trimestre sin pisar la calle. Y uno de los productos más demandados y antes agotado en tiendas y mercados ha sido el papel higiénico. Ante las cajas de los supermercados, largas colas de personas esperaban ser atendidas mostrando, en el carro atestado de rollos de papel higiénico, el ansiado botín de guerra tras arrasar lo que había en las estanterías, como si hubieran conseguido la vacuna que habría de evitarles el contagio del virus por vía rectal.
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