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La librería Shakespeare and Company, quizás el último reducto de un París brillante, vanguardista y decadente


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

"La memoria humana es un instrumento maravilloso pero falaz. Los recuerdos que yacen dentro de nosotros no están tallados en piedra; no sólo tienden a borrarse a medida que pasan los años, sino que a menudo cambian o incluso aumentan al incorporar características extrañas." Primo Levi.-

Shakespeare and Company está enclavada, como un mástil solitario, en el corazón de París. A tiro de piedra de Notre Dame, en la margen izquierda del Sena. Actualmente se encuentra en el número 37 de la rue de la Bûcherie.

Puede decirse que es un emblema de otro tiempo, uno de los últimos vestigios del París intelectual y bohemio, donde los espíritus sensibles a la hora crepuscular buscan y quizás encuentren, puertas desconocidas abiertas a la noche.

Shakespeare and Company es la huella más ostensible de un espíritu cosmopolita parisino que se niega a desaparecer. Simboliza la certidumbre de que la verdad existe a pesar de que por mucho que la persigamos no logremos aprehenderla.

Las orillas del Sena son parajes ancestrales y nebulosos donde nadie es poseedor de la verdad. La sabiduría de las márgenes del río tiene algo de ensoñación metafísica e incluso de delirio. Un puente cercano es un punto privilegiado desde el que puede observarse como se quiebra, se pierde, se rompe… el vínculo entre causa y efecto.

El Sena parece burlarse, con una mueca irónica, de Hegel y de su pretensión de haber capturado el espíritu de la historia. Es inaprehensible y corre aguas abajo. El goce estético es frágil y perecedero. Nunca damos alcance al tiempo perdido ¡bien lo sabía Proust!

La vida es una trampa que estamos abocados a vivir y que, en ocasiones señaladas, brinda momentos hermosos que pueden perdurar en la memoria.

He releído hace pocos días “A Moveable Feast” (París era una fiesta) de Ernest Hemingway. La pátina del tiempo envejece los libros y las historias y vivencias que cuentan. Algunos, sin embargo, excepcionalmente conservan frescura, pasión y ganas de revivirlas en la imaginación.

Hay personas que marcan una época y que quedan grabadas en la retina. Sylvia Beach, la legendaria propietaria de Shakespeare and Company es una de ellas. Que permanecerá asociada a un tiempo y a un lugar.

Algunos llaman excentricidad a lo que es un acto arraigado de amor a la cultura. La idea de una biblioteca circulante es atractiva, en cierto modo bohemia y representativa de un mundo que se rige por sus propias normas.

James Joyce era un asiduo visitante de la librería. Cuando Hemingway se deja caer por allí, pregunta por él y recibe la respuesta de que suele aparecer a última hora de la tarde.

Es obligado en una visita a París dedicar algún rato a esa tierra firme de las certezas que es Shakespeare and Company.

Hay rincones, de la que fue y sigue siendo en buena medida capital europea de la cultura y las vanguardias, repletos de engañosa tranquilidad y de misterio, donde da la impresión que el tiempo se detiene… para poco después continuar su andadura.

En más de una ocasión somos víctimas de engaños y ensoñaciones. El pasado se hace presente. Cuando se busca y no se halla, contar la experiencia de lo que pudo haber sido y no fue, es toda una tentación. No está demás dejarse seducir y atrapar.

A veces, da la impresión de que el tiempo es circular. En unos días de descanso en Águilas, la semana pasada, leí en el diario La Opinión, un breve artículo del novelista y colaborador habitual Paco López Mengual. Cuenta, en una breve nota, que la librería que más le ha impresionado, de cuantas ha visitado, es Shakespeare and Company en París. Desde luego tiene motivos.

No habla de la historia de la librería, mas se siente impresionado por los miles de libros de aquel complejo laberinto: un armario en cuyo interior un hombre escribe poemas a máquina, una chica tumbada en un sofá leyendo a Joyce o en un rincón un señor con pajarita tocando el piano.

Pensé al leerlo, hay cosas que no cambian por muchas aguas que hayan pasado bajo los puentes del Sena. Paco López Mengual se confiesa perplejo por descubrir a jóvenes durmiendo en sacos. El espíritu de lo que fue Shakespeare and Company continua vigente en ese reducto que parece vivir al margen del tiempo.

Estos estudiantes y mochileros que duermen en sacos, se llamaban y se siguen llamándose ‘tumbleweeds’. Pueden albergarse allí cumpliendo unos requisitos que a continuación especificaré. Por si le faltara algo a este lugar fantástico, en el piso de abajo existe una especie de ‘pozo de los deseos’ donde los visitantes tiran monedas con la esperanza de que los deseos formulados se cumplan.

Las obligaciones o acuerdos que los tumbleweeds tienen que cumplir son un tanto extrañas mas, desde luego originales y tal vez únicas. Han de leer un libro al día, prestar servicios en la tienda algunas horas y escribir una autobiografía de una página. Estas miles de autobiografías, más de treinta mil, son en la actualidad un archivo formidable de todos aquellos que han pernoctado. Allí están las biografías de escritores, viajeros… que han depositado sus sueños. Se mire por donde se mire, ‘este gigantesco archivo es conmovedor’.

Es obligado contar algunas anécdotas de esta singular librería. Comenzaré diciendo que estuvo muy vinculada a la denominada Lost Generation y a otras celebridades literarias, citaré tan solo a Hemingway al que con anterioridad hemos recordado por sus páginas de “París era una fiesta”, Gertrude Stein o James Joyce por no señalar más que a tres señeros representantes.

Shakespeare and Company se negaba enérgicamente a admitir o practicar censuras. A título de ejemplo, está lo acontecido con “El amante de Lady Chatterley” de David Herbert Lawrence. Fue prohibido en la pacata Gran Bretaña y en la conservadora Estados Unidos que, además, hostigaron a su autor acusándolo de inmoral. Sin embargo y con toda naturalidad era vendido en Shakespeare and Company.

Quisiera mencionar asimismo, que en 1922 Sylvia Beach demostró su ausencia de prejuicios, su desprecio a la censura, su visión de futuro y su amor y entrega a la libertad, publicando por primera vez –quiero enfatizar esto- el “Ulises” de Joyce que fue igualmente prohibido en Gran Bretaña y Estados Unidos. Imperturbable hacia estas críticas Sylvia Beach realizó varias ediciones que, lógicamente, contribuyeron a que el libro fuera adquiriendo la fama que hoy le acompaña.

Tal vez, el mayor elogio que se ha hecho de Shakespeare and Company sea el definirla como una ‘utopía socialista disfrazada de librería’. Es innegable que en el ambiente se respiraba –y aún hoy se respira- un cierto aire de comuna.

Una visita a París conviene hacerla sin prisas, con tiempo para el vagabundeo y para recorrer trayectorias, en modo alguno, turísticas y perderse por calles con mucha historia, mucha belleza y no poca poesía.

Otro placer es entrar en algún viejo café del Barrio Latino y sentarse a dejar volar la imaginación unos minutos. Algunos fantasmas de otro tiempo parecen, en ese caso, acompañar tu soledad e insuflan en el ánimo, ansias de rebeldía.

Shakespeare and Company simboliza lo que aún resta de verdadero, de auténtico, envuelto en ese aura de las cosas lejanas, cuando de repente se manifiestan con toda su grandeza. Permite nada menos que refundir pasados y presentes.

No crean que exagero. Es una experiencia en la que es posible, aunque sea por unos instantes, ser dueño de ti mismo. Tiene el valor de lo incontrolable, de lo que tiene un resplandor propio. Un afán de superar lo que la mezquina realidad tiene de tóxico.

Probablemente, sea este el momento para recordar un acto de resistencia, de insumisión y de una valentía que no dudo en calificar de heroica.

La primera sede de la librería fue clausurada en 1941, durante la ocupación nazi. Se dice que Sylvia Beach se negó a venderle a un oficial alemán, el último ejemplar de un libro de Joyce, concretamente, “Finnegans Wake”.

Como es de temer el precio a pagar fue alto. La librería fue clausurada esa misma tarde. Poco después Sylvia fue recluida, durante seis meses, en un campo de internamiento. Aún así, acciones como la suya contribuyen a elevar la moral y a resistir contra los atropellos dictatoriales y liberticidas.

Shakespeare and Company se encontraba en la calle L’Odeón, cuando volvió a abrirse, lo hizo en otro lugar. Fue en 1951. El impulsor, George Whitman, le dio el nombre “Le Mistral” y, rápidamente logró recuperarse como un centro emblemático de cultura literaria hasta que adquirió su actual y definitiva denominación.

La librería Shakespeare and Company aparece en diversas películas como “Midnigh in Paris” de Woody Allen. Es un homenaje entre la realidad y la fantasía, entre el sueño y la evocación, de ese París misterioso y brillante. Por otra parte, y entre los muchos testimonios, quisiera citar el de Jeremy Mercer, que ubica muchas páginas de su novela “Time was soft there” en la mítica librería.

Es impresionante la relación de escritores exiliados unos y otros en su vagabundeo, que aparecen vinculados a Shakespeare and Company. Citaré tan solo a Julio Cortázar, Henry Miller o Lawrence Durrell.

Cabría seguir hablando largo y tendido, de esta librería y de los personajes, sobre todo literarios, relacionados con ella. Baste lo dicho, no obstante, para despertar ‘el gusanillo’ y que cada lector que esté interesado, busque por su cuenta ampliar lo que hasta aquí hemos venido comentando.

A principios del siglo XXI, concretamente en el 2003, Shakespeare and Company dio un salto cualitativo, pasando a organizar un festival literario que ha tenido varias ediciones. Entre sus participantes distinguidos se encuentran Paul Aster, o Jung Chang.

Otro paso significativo lo constituyó en 2011 la creación del Premio Literario de París. La entidad convocante fue la Fundación de Groot junto con la propia librería. El premio fiel a su espíritu, estaba abierto a los escritores de todo el mundo.

Me gusta recordar que por la librería se dejaban caer con frecuencia autores célebres como Paul Valery o Andrè Guide, sin ir más lejos.

Me gustaría que Shakespeare and Company no se contemplara como una foto fija. No es en modo alguno, estática sino dinámica y como una flecha atraviesa el tiempo y el espacio.

Su pequeña historia es una mirada llena de energía y determinación hacia el futuro, poniendo de manifiesto la fuerza de las ideas y la capacidad de movilización de la cultura.

Hay proyectos que nacen con una voluntad y una determinación que les lleva a seguir, contra viento y marea, la ruta marcada.

Todavía hoy podemos reconstruir ese pasado brillante, donde el poder de la imaginación es capaz de levantar de la nada realidades culturales apreciables.

Shakespeare and Company es una voluntad moral en un tiempo donde el consumismo ha alcanzado cotas inimaginables y todo es de usar y tirar. Quizás, por eso, llama la atención su vitalidad, que la ha mantenido en pie, tanto tiempo.

No es bueno, ni saludable el olor a naftalina. El búho de Atenea, algunas tardes, a la hora del crepúsculo, se deja ver por sus alrededores, si se permanece atento.

La librería inequívocamente, tiene algo de surrealista, tuvo y sigue teniendo un aura epicúrea que sabe guardar celosamente aquellos secretos que sólo están al alcance de quien sabe descifrarlos y donde, con sutileza y sin alharacas, se conserva un tesoro de dignidad, que naturalmente, no está a la venta, muy al contrario, se regala generosamente a quien se hace merecedor.

Pongo aquí final a estas reflexiones un tanto metafísicas. ¿Es Shakespeare and Company un museo? Rotundamente no. Es un lugar con poesía y con encanto, vivo, palpitante y que no ha tolerado ni tolerará que las mariposas en lugar de volar libres sean prendidas, con alfileres, expuestas a la vista de quienes aprecian más que la libertad, el recuerdo de un pasado muerto.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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