Contra el cine tóxico
Un programador de televisión tiene más influencia sobre la formación de la opinión pública que casi todos los intelectuales de España juntos. Su importancia, a la hora de configurar estilos de vida y de conducta, no puede ser subestimada en ningún caso. Sobre todo, si se trata de programadores de la televisión pública. De las cadenas privadas, ni hablemos. Por ello, no parece comprensible que se programe aquí, un día sí y otro también, una recua de filmes, casi siempre estadounidenses, cuyo denominador común es la magnificación de la violencia, para lo cual exhiben ineludiblemente verdaderos catálogos de armas y se exalta a quienes las usan de la manera que sea: las cintas muestran hoy un desfile incesante de pistolas con silenciador, fusiles ametralladores, helicópteros artillados, misiles, láseres o drones, esa nueva forma de asesinar de manera supuestamente irresponsable.
- Publicado en Opinión
