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Concepción Arenal por Consuelo Berges


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

La destacada intelectual y traductora Consuelo Berges (1899-1988) publicó en febrero de 1933 en la revista Cultura Integral y Femenina un artículo sobre Concepción Arenal.

Después de plantear los mínimos datos vitales de Concepción Arenal y de citar sus principales obras, Consuelo Berges pasó a dar su opinión (“comentario”) sobre su figura. Para la traductora era la mujer más extraordinaria de la Historia de España. Asomarse a su obra producía, en primer lugar, sorpresa, pero luego, asombro y, por fin, reverencia.

¿Por qué sorpresa? Porque, en realidad era un descubrimiento para cada persona que se acercaba a su obra. En un país dado a la “hipérbole”, se descubría que a Concepción Arenal no se le había dedicado mucha atención, a lo sumo, como apuntaba Berges, “alabanzas de trámite”, como distraídas. Es interesante insistir en esta cuestión porque no es la primera vez que leemos esta apreciación, como pudimos comprobar en artículo que publicamos en El Obrero sobre el homenaje que se le brindó en las páginas de El Socialista.

El asombro y la reverencia, como decíamos, llegaban después. Su vida había sido “heroicamente humilde, humildemente heroica”. A Concepción Arenal le persiguió la pobreza, huérfana de padre desde niña, y viuda muy joven con dos hijos, teniendo que luchar para salir adelante.

A Concepción Arenal no le pudo el “nihilismo fatalista” porque se puso a diseñar un sistema de remedios o soluciones contra las desdichas de la Humanidad. Berges apuntaba como Arenal se había dedicado a separar, ordenar y clasificar los problemas o las desdichas de este “desastre que es la vida”, aplicándose, como apuntábamos, a buscar soluciones. Tenía una enorme fe en la eficacia de la justicia como remedio universal, y de ese modo orientó su acción hacia la misma. Por eso decía en La mujer del porvenir, que “Por la justicia de los hombres se mide su felicidad”. Berges afirmaba, además, que padeció el mal del siglo, la “tristeza romántica”, pero sin egolatría. Su dolor no importaba más que el del mundo. Concepción Arenal, en opinión de Berges, se enfrentó a la indisciplina “erigida en norma estética y vital por la reacción romántica”, con una disciplina mental rigurosa. Así pues, se unían teoría y acción. Pensaba, investigaba y razonaba para luego ponerlo en práctica en sus obras.

El artículo completo está publicado en el segundo número de Cultura Integral y Femenina, del 15 de febrero de 1933.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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