Andrea Caffi (1887-1955): El sueño de una Europa Federal
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
Mi vida es sólo una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas
Ramón López Velarde
Europa está estancada y en peligro de extinción. Los signos de decadencia son ostensibles, incluso se perciben en el horizonte amenazas de putrefacción. No siempre ha sido así. Europa fue un hermoso sueño, un sueño federal, los Estados Unidos de Europa. No está mal recordarlo.
Sabemos muy poco de Andrea Caffi, un personaje de una energía y vitalidad asombrosa. Este italo-ruso fue mucho más que un cosmopolita. De naturaleza rebelde e inconformista. Su vida fue una sucesión de persecuciones y desengaños, mas siempre encontró fuerzas para levantarse y proseguir su lucha.
Sólo en Italia se han ocupado de él y, tampoco, demasiado. Extravagante, peregrino, utópico, su existencia fue un deambular constante, San Petersburgo, Moscú, Berlín, París, Roma, Florencia…
Puede considerarse un Ilustrado. Nacido en San Petersburgo, su abuelo fue garibaldino. Llevaba en su ADN un espíritu rebelde. En cierto modo, era un hijo póstumo del resorgimento. Educado en un ambiente ilustrado, clara y nítidamente pro occidental.
Como él mismo nos dejó dicho “Por revolucionario entiendo un hombre que tenga: la pasión irresistible de despertar y movilizar a los hombres que le rodean y una simpatía activa, solidaria, hacia todos aquellos que sufren, son víctimas de injusticias y necesitan una ayuda que no consista sólo en palabras”.
Desde su juventud odiaba y le causaba repugnancia el autoritarismo, las iglesias, el Estado y la propiedad. Hay quienes lo han considerado un socialista libertario. Leyó con fruición a Pushkin y a Dostoievski. Identificaba el poder con un juego de estrategias y la vida como una autoafirmación.
Puede que sea casualidad, nació un 1 de mayo y, eso marca. Los pocos autores que se han ocupado de él, destacan sus diversas facetas: filósofo, periodista y ensayista político, aunque muy peculiar. Desde luego, fue polifacético. Tuvo amistad con destacadas figuras contemporáneas como Albert Camus o Nicola Chiaromonte, interesantísimo intelectual italiano, del que probablemente hablemos en otra ocasión.
Siendo un adolescente entró en contacto con grupos y círculos socialistas. Sintió un rechazo instintivo hacia quienes explotaban a los trabajadores y a los campesinos.
Tuvo una serie de experiencias carcelarias. Conoció, sucesivamente, las prisiones de la Rusia zarista y del periodo leninista. Fue perseguido, asimismo, por los fascistas mussolinianos y por los nazis. Esto es solo un ejemplo de cómo su existencia fue una constante huída. Los años que pasó en París le marcaron. En ocasiones, en esta vida intensa a salto de mata, trabajó como traductor y articulista ocasional.
Creo que es importante destacar que una de sus ideas, de rabiosa actualidad, es que los medios no pueden entrar en conflicto con los fines, añádase a esto que era un pacifista convencido.
Su formación no fue libresca. Leyó algunos clásicos, estuvo influenciado por el nihilismo, mas su carácter se forjó en la calle en contacto directo con los problemas.
Digamos que pese a su evolución hacia un socialismo democrático, con tendencias libertarias, siempre fue un antifascista convencido. Quisiera mencionar su amistad con Alberto Moravia. De su extensa producción literaria, aunque en su mayoría son colecciones y recopilaciones de artículos y ensayos, creo que habría que destacar por méritos propios, “Justicia, libertad y socialismo liberal” con prólogo de Valdo Spini.
Igualmente quisiera referirme a que fue uno de los pioneros de la que podría denominarse, corriente federalista europea, con planteamientos similares a los de Altiero Spinelli con la salvedad de que mientras este es considerado uno de los padres fundadores de la Unión Europea, Caffi permanece sepultado en el olvido.
Hoy, cuando se habla de multilingüismo y multilateralidad, conviene tener presente que maneja ambos conceptos en muchos de sus escritos. Otro hecho significativo, es su dura crítica a la violencia. Destacan firmemente, sobre todo, su pensamiento crítico y su evidente simpatía hacia las utopías sociales.
La suya fue una vida sin fe de erratas. Supo navegar, a veces a contracorriente, en la nave de los hechizos sin llegar a estar nunca al timón. Siempre estuvo presente en él una rebeldía, que le incitaba una y otra vez, a lanzar proyectiles contra los déspotas y burócratas de toda laya y condición.
Poseyó siempre una energía y tenacidad encomiables, pese a ser muy a pesar suyo, perseguido y visitante de cárceles lóbregas. Su legado no es una pavesa estéril, muy al contrario, la lectura de sus ideas, todavía hoy, provoca no sólo reflexión crítica sino estímulos para actuar.
No es este sólo un panegírico. Es justo poner de manifiesto el camino de esperanza que representa. Puede que sea hermético, mas se aprecian con nitidez “botones de esperanza” al vislumbrar el futuro.
Su vinculación -al menos inicial- con el socialismo utópico es patente. Podemos constatar la impresión que le causó la lectura de “Confesiones de un revolucionario” de Pierre-Joseph Proudhon.
Sabía sobreponerse a las detenciones y deportaciones. Creo que explica bien uno de los rasgos de su carácter el que no le importara “militar en las filas de los vencidos”. Fue menchevique bajo el régimen leninista y tan pronto como le fue posible, rindió tributo y visitó la tumba de Bakunin.
De Andrea Caffi debemos conservar su idea recurrente de una Europa federal. Difundió cuanto pudo, la virtualidad de unos Estados Unidos de Europa.
En su permanente peregrinar, estuvo presente en nuestro país durante la Guerra Civil, primero formando parte de la Brigada Matteotti y más tarde de la Garibaldi.
En estos momentos de crisis y de pérdida de valores republicanos, no debe seguir oculto por más tiempo su acento trágico y su moralismo tolerante pero firme.
Es un ejercicio necesario y reconfortante el recordar cómo se fue forjando la idea de una Unión Europea que superara los resquemores de vencedores y vencidos y que adoptara un federalismo como forma de organización política, democrática y solidaria.
Cuando llevemos a cabo este ejercicio de remontarnos a los orígenes, no es justo que olvidemos el papel que desempeñó como uno de los pioneros, Andrea Caffi.
Toda su vida fue un activista. Destacaba su admiración por el pensamiento de Walter Benjamin. Creía, con firmeza, que las relaciones humanas debían basarse en la “empatía” y no en ninguna clase de dominio.
Es significativa su correspondencia con alguno de los intelectuales de mayor potencia y reconocimiento de aquellos años turbulentos, mas esperanzados. El futuro estaba por construir.
Para finalizar, quien quiera ponerse en contacto con la vigencia de su pensamiento, puede hacerlo leyendo la obra “Crítica de la violencia”, prologada por Nicola Chiaromonte, Ed. Bompiani 1966, Milán.
Puedo asegurarles que el reto y la experiencia de conocer la peripecia vital, rebelde y el pensamiento de Andrea Caffi, resultará sin la menor duda, ilustrativo, necesario y aún diría más, apasionante.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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