Recordando a Cossío con Luis de Zulueta
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
“Para el juvenil autor de aquel artículo, la enseñanza no es la cartilla o el papel pautado, sino la indicación en el difícil arte de saber ver” (Luis de Zulueta)
Cuando se jubiló Manuel B. Cossío sus discípulos y amigos recopilaron algunos trabajos del maestro para publicarlos en un libro titulado De su Jornada. Fragmentos, en 1929. Tantos años después, aprovechando la reseña que sacó Luis de Zulueta en noviembre de ese año, es decir, ahora hace 92 años, queremos recordar este libro y la figura de Cossío, un referente intelectual y pedagógico obligado para quienes sienten pasión por el saber, el arte, y por la educación en este mundo tan enloquecido también en estas cuestiones. Y le recordamos aprendiendo también de Zulueta, otro capital intelectual español, en su texto sobre el maestro y el libro. En expresión actual, estaríamos ante el lujo de aprender de dos personajes que queremos tener presentes en el mundo actual.
Zulueta recordaba el diálogo de Giner de los Ríos con un joven estudiante en 1879, en una sala de la Institución Libre de Enseñanza, cuando comenzaba a existir. Giner tendría unos cuarenta años, pero ya con su imagen de “prematura vejez”. El joven contaba 20 años, era delgado, “de perfil agudo y varonil, ojos claros y rubios cabellos”. El joven había presentado unas cuartillas para el Boletín de la ILE sobre el arte de saber ver, un arte, a nuestro entender, difícil si no se enseña, y en el que el autor de este artículo en El Obrero está empeñado en su labor docente, aunque a años luz de Cossío, si se nos permite esta digresión personal. En fin, ese era el inicio de la que, nosotros nos atrevemos a calificar, como su aventura por el arte y la enseñanza. Zulueta llegaba a decir en su reseña que la “educación, sentida a fondo, es, acaso, la más inspirada de las Bellas Artes”. Para Cossío, en la opinión de Zulueta, “la enseñanza no es la cartilla o el papel pautado, sino la indicación en el difícil arte de saber ver”. El camino de Cossío se abría, con dos ideales, “Cultura y Libertad”.
La obra recopilatoria sería un resumen de la obra del maestro, y “un bosquejo de su alma”. Comenzaba, precisamente, con ese artículo de 1879, seguido por distintos escritos sobre arte, notas varias sobre su pensamiento buscando la verdad y amando la belleza, y aspectos de su trabajo en la ILE y en el Museo Pedagógico, en la cátedra, en la tribuna y en su vida social.
El título era significativo, aludiendo a la Jornada, y como tal, siguiendo a Zulueta era, sin lugar a dudas, “muy plena, muy luminosa”. A pesar de la variedad de los contenidos del libro se percibiría unidad en el mismo porque todo giraría en la dualidad que ya hemos expresado, la cultura y la libertad. La cultura sería, en esencia, para nuestro reseñador, libertad del espíritu, mientras que la libertad era, en sustancia, cultura social que nos ensañaría a sustituir la coacción y la violencia por el respeto a las otras opiniones.
En la obra de Cossío había “libertad de conciencia, educación liberal, libre vitalidad”, pero también “austeridad moral”, propia de la Institución Libre de Enseñanza. Zulueta afirmaba que en el auténtico liberalismo había un hondo sentido estético. La libertad pedía virtudes cívicas. Y nada más opuesto a la libertad de ideas que el “libertinaje de las costumbres”. En este sentido, Zulueta entroncaba el nacimiento del liberalismo con el puritanismo, y las fases de la libertad siempre habrían estado unidas a etapas de “elevada moralidad”.
Zulueta nos recordaba que Cossío era un maestro consumado, pero siempre un joven aprendiz, para terminar dirigiéndose a este maestro-aprendiz con el fin de recordarle que la jornada no había terminado aún. La jubilación oficial era solamente una “vuelta del camino”, porque el camino no se había acabado.
Y así fue, porque el maestro vivió hasta 1935. En 1930 se abrió la Escuela Cossío en Valencia y, a pesar de su menguada salud, sería el presidente del Patronato de las Misiones Pedagógicas en la Segunda República. En 1934 fue nombrado “Ciudadano de Honor” de la República.
La reseña de Zulueta fue publicada por El Socialista en el número del diez de noviembre de 1929.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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