El influjo de Qatar
Es un pequeño estado del Golfo Pérsico que nada sobre petróleo y especialmente de gas natural. Esto les ha proporcionado un lugar relevante en el mundo, pese a una superficie que no llega a ser ni siquiera la de la provincia de Lleida. Como además de gustarnos mucho el dinero lo que nos gustan de verdad son los ricos, ya hace años que profesamos respeto y gran consideración a esta monarquía absoluta anclada en lo medieval que resulta poco justificable y escasamente decente. Este territorio era un protectorado británico que logró la independencia como estado en 1971. A partir de entonces, ha sido un feudo administrado como una propiedad privada por la familia Al Thani. Incluso los golpes de estado se hacen dentro de la misma. Al pasar de practicar la pesca y el cultivo de ostras a explotar los yacimientos energéticos, la riqueza creció tan rápidamente como la espuma. Tiene una renta per cápita extraordinaria, que triplica a la de España y es de las primeras del mundo. Decir que su población es muy rica es sólo una apariencia estadística. Sobre una población total de 2,8 millones de personas, los realmente considerados ciudadanos qataríes son sólo 250.000. El noventa por ciento de los que viven allí son extranjeros, la mayoría inmigrantes que hacen, de forma estricta, de personal de servicio a los adinerados. Los orientales que trabajan en la construcción de sus admirados rascacielos en condiciones de esclavitud viven a las afueras de las ciudades en viviendas y zonas escondidas de la mirada de la gente y que poco tienen de “zona residencial”. Los que tienen más suerte, están ocupados en el servicio doméstico, el comercio o en su inmensa oferta hotelera.
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