Al final de la escapada
Esta legislatura catalana quedó tocada de muerte el día que Junts abandonó el gobierno, hace ya un año y medio. En ese momento se evidenciaron no sólo estrategias diferentes y confrontadas dentro del independentismo, sino una inquina y negación de unos adversarios convertidos en enemigos que se ha arrastrado hasta ahora. Lo que parecía lógico entonces, pero la política catalana de los últimos años es todo menos previsible o razonable, era la convocatoria de elecciones o bien articular un nuevo gobierno y una nueva mayoría que debía ser, forzosamente, transversal. ERC no quiso hacer ni lo uno ni lo otro, pretendió seguir gobernando, teniendo sólo 33 votos en un Parlament de 135 diputados. Imposible hacer políticas y gobernar un país que después de tantos años de fuga de la realidad lo requería más que nunca. Los republicanos creyeron, que teniendo en cuenta que el gobierno español los necesitaría para sostenerlos, esto convertiría en cautivo por lógica reciprocidad al PSC. No le ha bastado y, curiosamente, nunca la política catalana había sido tan subalterna a la política española como en los últimos tiempos, dinámica impulsada -oh, sorpresa- justamente por el independentismo. Con la convocatoria electoral, se cierra definitivamente una época -la del infausto Proceso- y, finalmente, la rasante de la política del país pasará a ser otra. Demasiado tiempo perdido.
- Publicado en Opinión