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La devaluación de lo colectivo


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El individualismo, cierto grado, es consustancial tanto a la sociedad liberal-democrática como al funcionamiento de la economía de mercado. Pero lo que era un individualismo moderado en la primera modernidad y en tiempos de predominio del sistema de correcciones del Estado de bienestar, fue desplazado a partir de la recuperación de la hegemonía neoliberal por un individualismo total, sin ningún sentimiento de colectividad y carecer de cualquier obligación hacia objetivos compartidos. Un individualismo que ha generado la primacía de la egolatría, el narcisismo como centro de gravedad de la existencia. La personalidad y la satisfacción proviene de magnificar y convertir en perpetuo el acto de consumo. Las posibilidades de caer en la tentación del consumo, entendido éste como falsa satisfacción, son ininterrumpidas y omnipresentes. Este capitalismo de seducción basado tanto en lo material como en lo inmaterial ha creado un mundo nuevo. Se han derrotado las antiguas formas de pertenencia colectiva, se han derribado las ideologías emancipadoras y el sentido moral de la primacía de lo común. Todo deseo debe ser satisfecho de inmediato. Un éxito, un producto, una distracción, sustituye a otra. Todo es rápido, transitorio, fugitivo y contingente. Juego, ocio y comercio se combinan y recombinan sin aparente separación. De hecho, han perdido importancia los objetos para ganar posición a la economía de la experiencia. La publicidad ya no hace demostraciones, proporciona emocionalidad, seducción, espectáculo y fantasía.

Para algunos estudiosos, el individualismo es un comportamiento que empieza a manifestarse en los años sesenta en el contexto de sociedades en crecimiento económico sostenido y manifiestamente autosatisfechas. Para Roland Inglehart, se produce primero un avance de lo que llama cultura “postmaterialista” en la medida en que el desarrollo económico permite priorizar cuestiones que van más allá del material: género, orientación sexual, nuevas formas de vida, pacifismo, espiritualidad… Vendría después una profundización del individualismo, convertido ya en campo de batalla en defensa de las identidades “particulares”, el predominio de valores “egoexpresivos”. Toda movilización en este sentido, y en mayo del 68 francés resulta bastante elocuente, no lograron prácticamente ninguna transformación política, pero sí en cambio cambios culturales de gran importancia que se fueron expresando y profundizando en las siguientes décadas. El individualismo se impuso. Poco a poco, lo que era la sociedad se ha ido convirtiendo en un “agregado de subjetividades”, en palabras de Éric Sadin. Y éstas piden ser reconocidas en la singularidad extrema tanto por los demás como por las legislaciones. Para el pensador francés, "más que sociedad, lo que hay es una constelación de seres".

El profundo individualismo que ha penetrado en todos los ámbitos genera cambios en la relación de moldeo entre estructuras sociales y actitudes individuales. Hay una representación hinchada de uno mismo. Demasiados espejos a nuestro alrededor. El psicólogo y profesor de Harvard, Joshua Green, nos habla del "dilema social". Según este concepto, las personas tendemos a ser individualistas, pero para obtener resultados positivos para todos necesitamos reducir nuestro egoísmo. Plantea esta dicotomía como "el problema fundamental de la existencia humana". Porque, en realidad, nuestro éxito y nuestra felicidad requieren la búsqueda de intereses colectivos, pero la evolución tiende a recompensar a los individuos egoístas que se aprovechan de la comunidad. Justamente las leyes y normas sociales de los sistemas políticos avanzados están concebidas para resolver ese problema fundamental. Las sociedades que mejor funcionan, por ejemplo, las de los países nórdicos, son exitosas porque el tejido social y la organización institucional hacen compatible la dimensión del “yo” con la del “nosotros”.

Aunque pueda parecer paradójico, el individualismo extremo inoculado por el neoliberalismo y llevado al paroxismo por las utilidades de la tecnología digital, son compatibles con el desarrollo de un comportamiento gregario, la configuración de masas amorfas movilizadas y excitadas a partir de la activación de las redes sociales. En este sentido resulta significativa la distinción que realizó, allá por los confines del siglo XIX, el psicólogo social francés Jean-Gabriel Tarde, quien distinguía de forma nítida entre el concepto del “público” y el de “multitud”. Ante los individuos conscientes de la dimensión colectiva, lo público, contraponía unas masas que, en su opinión, no dejaban de oscilar entre los polos extremos de la excitación y la depresión, “como los locos”, añadía él. Las masas entendidas como hordas, que ya preocuparon al filósofo español José Ortega y Gasset, tienden a activarse a partir de relatos emocionales útiles para su manipulación. La vida en las redes sociales no hace sino propiciar su aislamiento y al mismo tiempo la sobreexcitación. Toda multitud tiende a crecer y expandirse más allá de sus límites iniciales, mientras se va alejando de lo “público”, de lo social.

 

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR