La izquierda que necesitamos
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
En todas partes se produce un fenómeno que parece imparable. La derecha más extrema y desacomplejada se impone políticamente, y lo hace contando con el apoyo de los sectores sociales más excluidos que antes se sentían representados por los partidos de izquierdas. Argentina de Milei es un buen ejemplo de ello y, de hecho, no el último cómo indican los resultados de las elecciones en Portugal. Los que malvivían gracias a ayudas sociales de contención, acaban votando a quien afirma que, lo primero que hará, es eliminarlos. Una muestra de que amplios sectores sociales, los más necesitados, se han desacoplado de los sindicatos y partidos que los representaban. Algo se habrá hecho mal.
Fragmentar identidades hasta la ridiculez está acabando con la cultura de izquierdas y hace robusto el liberalismo a través del arma de choque que es el posfascismo. La izquierda ha obviado algo fundamental que, históricamente, le ha hecho fuerte: ser de izquierda era una identidad. Una fuerte identidad con un proyecto común para superar la desigualdad estructural, la exclusión y posibilitar una vida digna. Mientras que el populismo de la derecha ofrece a los ciudadanos una referencia y una salida a la humillación y su odio, la izquierda secciona lo colectivo en multitud de instancias identitarias. Focalizar el debate en la cultura de la diversidad hace que las clases subalternas pierdan conciencia de serlo. Toda emancipación que no tenga un pie en la iniquidad material acaba por reforzar la reacción y el capitalismo actual. A la derecha ya le convienen estos roles establecidos, puesto que no se pone en cuestión el predominio de los privilegiados. Cuando se reitera el tema de la diversidad, se valida la desigualdad que crea la economía de mercado. Se renuncia a establecer el principio de igualdad. Se compartimenta la vida pública en colectivos encapsulados en su identidad cultural. No hay compromiso universalista, ni siquiera noción de ciudadanía. No deja de ser relevante, que la defensa de lo cultural en el mundo occidental no se hace blandiendo la Ilustración, sino de reivindicando culturas nacionales o el individualismo.
Toda la izquierda, la socialdemócrata y la otra, ha incorporado el tema de la diversidad como cuestión esencial de su proyecto político. Quizás de forma más funcional en el ámbito moderado y de manera más absoluta, como marca propia, la izquierda más radical. La influencia del mundo académico en estos ámbitos políticos ha sido extraordinaria. Sus cuadros y militantes no proceden del mundo de la producción fordista ni del precariado, sino del trabajo intelectual y el activismo cultural. Aquí el predominio de lo cultural y los estudios en torno a las cuestiones de diversidad ostentan una hegemonía total. Como ha escrito Daniel Bernabé, “cuanta menos capacidad de cambiar lo material tiene una corriente política, con más insistencia tiende a buscar las formas de influir en lo simbólico”. Las políticas redistributivas quedan para más adelante. Pero al asumir el campo de la corrección la izquierda, la derecha asume que su campo de juego está en la incorrección.
De hecho, la izquierda ha hecho suya la cultura de la clase media con un cierto nivel cultural y con formación universitaria. Ha contraido un rol pequeñoburgués, al igual que los movimientos sindicales representan a los trabajadores públicos y con más seguridades y no a los que son víctimas de la precarización y la exclusión. En este entorno social y cultural, la estabilidad y moderación que se les supone resulta compatible con actitudes extremas y promesas de aventura. Lo mismo ocurre en Catalunya con unas clases medias dadas a jugar a la revolución con El Procés. En realidad, no es una radicalidad estructural, que afecte a lo material, es sólo un desahogo hecho a través de happenings y un activismo cargado de grandilocuencias. Analizar la composición social de algunas onegés daría mucha información sobre la figura del activista acomodado. Porque aquí, lo importante no es la consecución de nada, sino “identificarse”, ser alguien en el mundo de la diversidad.
El lenguaje es muy elocuente. Las políticas de izquierda ya no apelan a lo colectivo o al papel de la intervención o del gasto público. Se centran en el concepto de “derechos”. Así, la población, básicamente sería depositaria de derechos, lo que tiene un cierto sesgo hacia la prelatura de lo individual. La izquierda se presenta como quien garantiza, expande e, incluso, crea nuevos derechos. Ha desaparecido cualquier noción de solidaridad, bienestar compartido, reciprocidad, limitaciones a las capacidades de satisfacer deseos, a la necesidad de aceptar determinados sacrificios a favor de la sostenibilidad medioambiental. La izquierda europea había fundamentado su fortaleza al saber representar a las clases populares, configurando un colectivo en el que las aspiraciones eran, justamente, conjuntas. Había un proyecto compartido en pro de la emancipación. Pero a partir de los ochenta mutó hacia la defensa de valores grupales de sensibilidad (género, orientación sexual, etnicismo…) e intereses individuales. A los antiguos representados ya no se les ofrece esperanza, solamente resignación. Resulta bastante lógico el abandono.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR