Una poco creíble conferencia del clima
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
Naciones Unidas es una organización llena de buenos propósitos, pero, al mismo tiempo, con una escasa capacidad para hacerlos efectivos. Por eso, cuando se habla de que algún tema relevante pasa a ser de su preocupación suele generar un sentimiento de escepticismo sobre la posibilidad de que sirva para algo. Un poco como cuando, en cualquier organización, se crea una comisión para afrontar un problema. Todo el mundo entiende que se quiere ganar tiempo y no resolverlo. En el caso de la ONU, el ejemplo más claro de fracaso son sus pronunciamientos reiterados con el tema de Palestina. Israel no ha hecho ni caso de sus resoluciones desde su nacimiento en 1948. Hoy, estamos donde estamos. Lógicamente, la culpabilidad de sus frustraciones no está en la organización sino en la falta de apoderamiento para obligar a que se lleve a cabo y en la actitud hipócrita y descreída de sus principales estados miembros. Las Naciones Unidas, se preocuparon hace ya muchos años del tema medioambiental y del cambio climático. Buenos informes y diagnósticos, creación de organismos específicos y pronunciamientos bastante claros, pero resultados decepcionantes. El tema del cambio climático la ONU le singularizó y afrontó a partir de 1992 como resultado de la Cumbre de Río para concienciar sobre la cuestión y obligar a los países a reducir la emisión de gases de efecto invernadero y combatir un previsible calentamiento global que, ya se veía, podía acabar por tener efectos devastadores sobre el planeta. Las conferencias anuales sobre el tema, conocidas como las COP, empezaron en 1995 en Berlín y, desde entonces, se han ido celebrando hasta llegar en 2023.
Estos encuentros tuvieron primero la negativa de algunos de los principales contaminadores a participar, lo que los hacía especialmente poco viables para obtener compromisos de obligado cumplimiento y avances significativos. Estados Unidos y China son los principales emisores de dióxido de carbono. Los primeros han tenido presidentes y administraciones, bastante recientes, que negaban directamente el cambio climático y, los segundos, hasta ahora no han entrado en razón debido a considerar que cualquier compromiso les podía retrasar sus mastodónticos planes de crecimiento y el poder convertirse en la primera potencia económica mundial. Las 28 conferencias celebradas durante estos años han servido para constatar que el problema era muy grave, que llegábamos tarde, que los efectos climáticos se aceleraban mucho más de lo previsto; en un contexto en el que los crecientes fenómenos extremos de comportamiento del clima eran una muestra evidente. Ha ido quedando claro, especialmente en la COP21 de París de 2015, que hemos llegado a un punto donde ya no basta con hacer las cosas bien, sino que es necesario descarbonizar para recuperar un medio ya demasiado deteriorado. También, que los países industriales aceptaban asumir objetivos, pero lejos de los que serían imprescindibles, a la vez, ir constatando flagrantes incumplimientos. Aquel escenario “aceptable” del aumento de 1,5 grados de temperatura en 2050, en realidad se producirá en torno a 2027. Los dos grados de aumento, que eran el límite máximo tolerable para 2100, en realidad se alcanzarán en 2050, mientras que, a finales de siglo, hoy, ya se valora que serán cuatro grados de aumento de temperatura media. Ni que decir tiene lo que esto significa en relación con el deshielo de los polos, subida de los niveles de los océanos, desertización de amplias zonas del planeta, reducción de tierras agrícolas y de biodiversidad, migraciones por el clima, falta de agua...
Acaban de terminar las sesiones del COP28 hace pocos días. Que se hayan celebrado en Dubai pareció un ejercicio de humor negro. Un país y un emirato construido sobre el negocio del petróleo y que con el alud de dinero que les proporciona han construido una ciudad que es la mejor representación de la insostenibilidad medioambiental, escaparate del consumo y con una exhibición de lujo indecente, además de ser una tiranía absolutista. Un país no democrático como prácticamente todos los del Golfo, donde los trabajadores, básicamente inmigrantes, están excluidos de cualquier derecho y tratados en forma de semi esclavitud. Pasear a los miles de delegados que asistieron a las sesiones por un bosque de hormigón y cristal en medio del desierto e invitarles a reponerse en las piscinas y campos de golf que ofrecieron a los visitantes como muestra de buena hospitalidad resulta impúdico. Que haya presidido las sesiones el presidente de una de las mayores empresas petroleras del mundo indica, desgraciadamente, hasta qué punto nos tomamos poco en serio el tema del cambio climático. Los intereses de los que comercian con combustibles fósiles no tienen nada que temer.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR
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