Selectividad y comprensión lectora
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
En estas últimas semanas se han celebrado las pruebas de la selectividad para poder acceder a los grados universitarios. Grupos de jóvenes y adolescentes, excitados y nerviosos, han pisado las aulas universitarias para realizar una prueba que decantará bastante su futuro y que sobre el resultado obtenido en la cual recaen muchas expectativas. Sin embargo, la selectividad selecciona poco en relación con quien puede entrar o no en la universidad. Prácticamente todo el mundo aprueba.
La función selectiva la realiza sólo de cara a qué grados y facultades universitarias se podrá encaminar en función de la nota obtenida y la nota de corte que existan. Mil elucubraciones y estrategias de cara a realizar la próxima preinscripción. Casi todo el mundo se cree con el derecho a disponer de un grado universitario. Sin embargo, hay algunas preguntas que nadie responde: ¿Los estudios postobligatorios deben ser un derecho o una posibilidad? ¿Tiene que haber una auténtica selección para que sólo accedan aquellos que tienen el talento y la capacidad de esfuerzo para llegar o lo universalizamos de tal manera que igualamos a los estudiantes por la parte baja? Nuestro sistema universitario es intelectualmente accesible a todo el mundo, ¿es esto más justo o bien es una trampa que lo que provoca es una devaluación de la exigencia, el nivel y los títulos? Si los grados universitarios ya no segmentan y segregan, cosa aparentemente buena, ¿no hemos desplazado esta función a unos másteres que en gama alta sólo son accesibles a los adinerados? ¿No hemos establecido un sistema falsamente democrático y meritocrático en el que al final se recurre a la antiquísima segregación por recursos? Pero, también, podríamos hacernos preguntas aún más genéricas: ¿a qué deben responder las universidades? ¿Han formar intelectualmente a ciudadanos bien predispuestos o bien su labor debe ser profesionalizadora? La última pregunta es clave y todo el mundo la entiende como quiere.
La materia prima de las universidades son justamente estos estudiantes que llegan formados y filtrados por la secundaria, el bachillerato, los ciclos formativos y las pruebas de selectividad. Hay serias dudas sobre si tenemos la enseñanza secundaria y el sistema educativo que necesitamos y merecemos. Las carencias que se detectan, muchísimas, no son imputables a los profesores, sino al establecimiento de una cultura educativa ocupada por los cachivaches y recursos tecnológicos, así como por una sociedad que ha abandonado el valor del esfuerzo y del conocimiento, dando prioridad a las "habilidades", las "competencias", denigrando el saber. Arrogancia tecnológica, gamificación del aprendizaje, pérdida de credibilidad y respeto a los profesores... Estos días se habla mucho del bajo nivel de comprensión lectora de los estudiantes actuales, una característica bastante generalizada en los países de la OCDE, pero que en España resulta mucho más que preocupante. El informe PIRLS que sirve de comparación, prácticamente nos pone en la cola de Europa y en descenso. Más allá de cuatro artículos de prensa que se han preocupado, miramos hacia otro lado y, como en tantas cosas, echamos la culpa a la pandemia. Inmenso error que nos condena a su país un país dominado por la ignorancia. Suecia es el primer país que echa atrás con la tecnología educativa y destierra la hegemonía de las pantallas y recupera los libros como base de los procesos de aprendizaje en todos los niveles educativos. La lógica de la pantalla es la de la superficialidad, la búsqueda de estímulos cambiantes, la sensación de que no es necesario fijar nada porque todo está al alcance de un clic... Si no se lee de forma atenta y pausada, algo que sólo te permite el libro, no se fija ni lengua ni conocimiento. Cuando haces tests de cultura general, en cualquier nivel educativo, se te cae el alma a los pies.
La entrega educativa a la tecnología de las últimas dos décadas nos ha hecho confundir lo urgente con lo importante. Las pantallas, internet, no las hemos utilizado como complemento, herramienta educativa o recurso, sino que ha ocupado el centro de la formación. Hemos sustituido la transmisión y adquisición de conocimiento; proceso largo que requiere concentración, esfuerzo y trabajo, en una dinámica lúdica e insustancial con la pretensión de proporcionar sólo habilidades profesionalizadoras. Nada debe ser difícil y suspender se considera una anomalía que el propio sistema educativo culpabiliza a quien se atreve a hacerlo. Frustración de los profesionales de la educación y apatía y desconexión por parte de quienes deberían aprender. Había un antiguo profesor que el primer día de clase decía a los estudiantes que los aprobaría a todos ya que, en todo caso, quienes mereciesen suspender, ya lo haría la vida. El problema es que con esa filosofía que impregna la cultura educativa actual, la vida lo que hace es suspendernos a todos.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR