Masonería y sufragio universal
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
En varias ocasiones nos hemos acercado a la cuestión de la relación entre masonería y sufragio universal. Hoy queremos recoger un texto histórico en esta línea.
Reseña de la Conferencia masónica:
“El sufragio universal arranca de la naturaleza misma del hombre”
Breve Introducción
Esta conferencia fue pronunciada por el Hermano Espronceda en el Tempo de la Logia “Cadena de Unión”, el 20 de diciembre de 1889.
Se trata un texto recogido en el Boletín de Procedimientos del Soberano Gran Consejo General Ibérico y de la Gran Logia Simbólica de España, del Rito Antiguo y Primitivo Oriental de Memphis y Mizraim.
La Gran Logia Simbólica Española se constituyó el 15 de febrero de 1887. Esta Obediencia adoptó logias de obreros y permitió la presencia de mujeres en sus talleres. Se caracterizó por una evidente politización defendiendo posturas republicanas y anticlericales, y estuvo muy vinculada a las corrientes españolas del librepensamiento. En este sentido, debemos recordar que en el Boletín llegó a haber una sección titulada “Injusticias Sociales”, además de otra dedicada a la educación.
El texto que presentamos es un claro reflejo de lo que hemos expuesto. No debemos olvidar, además, que en 1890 se aprobaba el sufragio universal en España de la mano de los liberales de Sagasta.
El texto
“La autoridad que no lo concede cuando el Pueblo lo reclama, es un ladrón. ¿Puede el Pueblo, constituido con el sufragio universal, apelar en determinadas circunstancias á la Revolución? Empezó el orador diciendo que no pedía la benevolencia de los presentes, aunque se hallaba necesitado de. ella, porque se dirigía á hh:. masones que se deben amor y cariño, y di o luego la bienvenida á los numerosos hh:. visitantes que habían respondido al llamamiento que se les hiciera, honrando aquél acto con su valiosa asistencia, lo que demostraba la unión que existe en la benéfica Institución Masónica.
Estudió después la naturaleza específica del hombre, porque de ella quería hacer derivar el sufragio universal, y la halló constituida por las dos facultades propias y exclusivas del hombre: la razón y la voluntad. Por medio de la razón, dijo, todos los hombres, indistintamente, pueden elevarse hasta la idea de Dios; luego todos los hombres son iguales. De la voluntad dedujo la libertad, y amalgamando estas dos ideas, igualdad y libertad, debía deducirse la verdadera época de armonía.
El hombre quiere, luego debe dársele su voto; es así, que todos los hombres son iguales; luego queda demostrado suficientemente el sufragio universal.
Se extendió luego en consideraciones sobre esta institución, en las antiguas Repúblicas de Grecia y Roma, coincidiendo la época del sufragio con el gran desarrollo de las ciencias y de las artes, tanto, que aún actualmente nosotros aprendemos de ellos. Pero el sufragio universal, dijo, murió en la antigüedad, porque no descansaba en sólida base. El principio de la individualidad vino con el pueblo germano. El sufragio universal es hijo de las teorías liberales, que hacen del individuo el eje del orden social ha nacido al calor de la filosofía cristiana; se ha despertado en el hombre al tener éste idea de su individualidad, al comprenderse libre, al emanciparse para siempre de la tutela de los demás hombres.
El pueblo debe gobernarse á sí mismo; negarle este derecho, sería lo mismo que negar la libertad individual. Este derecho del pueblo arranca de su propia naturaleza.
En vano, dijo, las viejas y carcomidas monarquías buscan el origen de su legitimidad en Dios, como si Dios pudiese sancionar jamás las tiranías. Comparó el sufragio universal con el restringido, y de éste, dijo, que era peor que el absolutismo y un sarcasmo á la libertad, por cuanto favorecía el odioso régimen de casta, llevando à las Cámaras representantes solamente de ciertas clases sociales. Refutó el argumento contrario de que, dar el gobierno al pueblo, es lo mismo que entregarlo á la ignorancia; diciendo que la autoridad es responsable del atraso moral de un pueblo, y por consecuencia, el pueblo no debe purgar pecados ajenos.
Además, el pueblo, con el sufragio, aprende á ser libre, y la libertad es el origen de todas las ciencias y de todas las virtudes. Dijo que para emitir un voto, basta con la honradez, y el pueblo Jamás se corrompe, como dijo Rousseau, pues por una idea levanta barricadas y derrama su sangre.
Estos Estados Unidos, aún jóvenes; esta Francia, Sinai de las libertades; esta Alemania, que para ser grande, sólo le falta expulsar á su emperador, deben su riqueza y esplendor al sufragio universal. ¡Bendigamos esta Institución!
Cuando el pueblo, constituido con el sufragio universal, ve vigiadas sus instituciones á consecuencia del jesuitismo y el caciquismo que á menudo se hallan confundí-, dos, puede, dijo, apelar á la Revolución,' puede proclamar sobre las barricadas los principios de igualdad y justicia, porque las barricadas son el corazón del pueblo.
Habló de la Masonería, diciendo de ella que siempre abogaba por la libertad, cuya luminosa idea estaba grabada en su programa, siendo esta Institución, por consecuencia, la que más deseaba el sufragio universal.
¿Y cómo no ser así, dijo, si la Masonería tiene por lema el triángulo de la igualdad, libertad y fraternidad, y por fin, la paz. universal?
Cuando la Sociedad llegue al período de armonía, de que antes os he hablado, desde la Francia hasta la India, el Sol no verá más que una sola familia que se regirá por las leyes del amor, como entrevió Voltaire; los pueblos inaugurarán la soñada edad de oro, y la Masonería habrá cumplido una de sus más grandes reformas.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.