Aspiraciones sociales del espiritismo decimonónico
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
Aunque pudiera parecer inverosímil los espiritistas del siglo XIX no sólo tenían aspiraciones en sí espiritistas y además filosóficas, sino también sociales.
En este sentido, nos parece muy sugerente lo que remitía desde Barcelona en octubre de 1889, el vizconde de Torres-Solanot, Antonio Torres-Solanot y Casas, destacado espiritista de aquel tiempo, a la publicación Las Dominicales del Libre Pensamiento.
Dicho vizconde nació en Madrid en 1840 por hallarse en ese momento en la capital su familia, aunque era originario de Huesca. El padre era ministro de Gobernación con Espartero en su Regencia. En Huesca estudió, pero no quiso ejercer de abogado, sino que se puso al estudio de las ciencias morales, políticas y filosóficas. A principios de 1862 recaló en Barcelona. Después, dirigió y colaboró en distintos periódicos. En 1871 conoció en Zaragoza la sociedad “Progreso Espiritista”, que le atrajo de forma evidente, convirtiéndose en uno de los espiritistas más importantes en España. Fue redactor de La Constitución en la capital de España y en la misma fue elegido presidente de la Sociedad Espiritista en las elecciones de 1871, sin olvidar nunca su intensa carrera periodística. Murió en Barcelona en 1902.
Pues bien, el artículo que remitió a la publicación aludida informaba a los lectores que podían documentarse sobre el espiritismo en la Revista de Estudios Psicológicos, que se publicaba en Barcelona, entre otras fuentes. En la misma se desarrollaba lo tratado en el Congreso espiritista que se había celebrado en París en la sede del Gran Oriente de Francia, pero que resumía, en cierta medida, en el texto que publicaba en Las Dominicales.
Nos interesan en esta publicación, como ya hemos anunciado, los principios de tipo social.
1. La obra social de los espiritistas consistía en formular instituciones de acuerdo con la “verdadera moral”, es decir, con la ley del progreso universal y la de vida humana en el individuo y en las sociedades.
2. Creación de un arbitraje internacional entre los pueblos.
3. Unificación del derecho y reconocimiento en las leyes de todos los derechos humanos.
4. Reivindicación de los derechos de la mujer porque los problemas del mundo no podían ser resueltos sin el concurso de la misma.
5. Federación universal espiritista.
Pero, además, eran fundamentales la solidaridad universal de todos los seres humanos, la necesidad de la “redención colectiva”, y el amor y la caridad en lugar del odio y el egoísmo dominantes.
Hemos trabajado con Las Dominicales del Libre Pensamiento en su número del 26 de octubre de 1889. También hemos consultado el Almanaque del Espiritismo (1873).
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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