Constitución de la Asamblea General de Francmasones franceses (1523)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
A nuestro entender, la Constitución aprobada en la Asamblea General de los Francmasones franceses de París en 1523 tiene una capital importancia en la Historia de la Masonería, y creemos que puede ser considerada de la misma envergadura que las propias Constituciones de Anderson, insistiendo, en línea sobre lo apuntábamos en el párrafo anterior, sobre los peligros de las mitificaciones. No podemos ni debemos derribar unos mitos para construir otros que los sustituyan. Esta historia en el Renacimiento no nació en Francia sino en la Italia del Renacimiento. Intentemos ofrecer algunas claves, al respecto.
La Florencia de la segunda mitad del siglo XV vivió un convulso período que afectó a su boyante situación económica, pero también política, a partir del impacto que supuso la toma de Constantinopla por parte de los turcos otomanos en 1453. La tendencia progresista para abordar cambios que la burguesía había capitaneado hasta entonces se esfumó, estableciendo una alianza con la Iglesia y con los nuevos príncipes. los Médicis para afrontar los retos internos y externos que se avecinaban con vecinos europeos de pujanza militar, iniciando una tendencia cortesana y absolutista bien ajena a los principios republicanos del pasado. Los príncipes fueron conscientes de la necesidad de rodearse de artistas y humanistas para acrecentar su poder. El ejemplo más elocuente se encuentra en la creación de la Academia Platónica de Marsilio Ficino bajo los auspicios de Lorenzo de Médicis, fundada para defender y legitimar su poder, empleando la cultura, aunque domesticada.
Esta nueva situación generó un grave problema a los Gremios de artesanos, a los nuevos artistas y a los humanistas inquietos, que habían defendido siempre el servicio a la República, a la comunidad en general, en la mejor tradición italiana. Si querían sobrevivir tenían que adaptarse y ponerse al servicio de los nuevos poderes tanto en Italia como los que estaban consolidándose fuera de península transalpina, como Francia o España, dentro del proceso de consolidación de los Estados modernos, y más vinculados al nuevo centro de gravedad mundial en el Océano Atlántico frente a la ya creciente decadencia del Mediterráneo. Adaptarse no significaba, en todo caso, ser serviles hacia el poder, sino intentar emplearlo para defender sus principios laicos y republicanos en el sentido etimológico del término.
Así pues, los artesanos, artistas e intelectuales italianos tuvieron que modificar sus organizaciones y saberes tradicionales, la Masonería operativa sin abdicar de sus principios, porque, además, seguían construyendo, es decir, seguían siendo operativos. El gremio-taller, escuela laica, no vinculada a la Iglesia, se había convertido en algo obsoleto porque no podía abarcar los nuevos conocimientos de la época. El desarrollo científico y tecnológico del momento exigía una mayor y más cualificada formación. En este proceso, tres eminencias tuvieron mucho que decir: Toscanelli, Leonardo y Américo Vespuccio. Entre ellos se generó la Academia, que debía estar integrada por sabios en cada materia que, mediante el intercambio de conocimientos, formarían a los jóvenes que desearan adquirir una enseñanza superior. La Academia era laica y eso generó el conflicto con la Iglesia, deseosa siempre de monopolizar la educación. Esta situación provocó la generación de una clara posición política o ideológica que, por supuesto, recogía principios de la Masonería operativa, es decir, libertad de pensamiento e investigación científica. En ese preciso momento, en esa Florencia convulsa y fascinante, en un proceso complejo y sin una fecha concreta fundacional, comenzó a nacer la Masonería especulativa dedicada a la formación superior y a la defensa de principios ideológicos de librepensamiento.
Pero la Academia tenía poderosos enemigos, la Iglesia y los Médicis, y, por lo tanto, fracasó, pero la idea de una institución de sus características había prendido. Faltaba un entorno propicio. El siguiente ensayo fue la Academia de Milán, pero habría que llegar a la Francia de los Valois, de Francisco I, en un momento más favorable, pero, no por ello fácil, para el progreso de la Masonería especulativa. Era más propicio porque en la corte francesa se protegía el progreso científico y tecnológico, ya que podía servir al engrandecimiento del nuevo Estado. A este interés, se unía la curiosidad y el espíritu liberal del monarca y su hermana, admiradores del saber. Pero, Francia era uno de los puntales del catolicismo con destacados críticos de los cambios religiosos y el rey Valois necesitaba el apoyo de la Iglesia en su enfrentamiento con el emperador-rey Carlos. A esa Francia llegaba Leonardo junto con algunos sabios italianos. Este grupo se unió al conjunto de sabios franceses, y formaron la Logia Francmasónica en 1517. Logia quería y quiere decir el lugar donde se discute, y allí lo harían los masones, es decir, los albañiles, pero, como, además, eran franc, eran constructores libres. Esta sería la parte secreta, porque la pública se articularía en el Colegio Francés, bajo los auspicios reales. En vez de emplear el término Academia, más del gusto italiano, los franceses optaron por el de Colegio porque deseaban remarcar que no sólo era una institución educativa, sino también una institución para estar unidos, colegiados por una causa común, que entroncaría con el concepto de logia.
El Colegio-Logia se desarrolló mucho gracias al empeño de Leonardo hasta que falleciera en 1519. Personajes fundamentales del saber y el arte pertenecieron a esta organización: Andrea del Sarto, Rozzo, Primaticio, Cousin, Pitou, Cellini, los Escagliero, Budee y hasta Servet, entre otros.
La gran aportación al mundo del Colegio-Logia tiene que ver con el proceso que puso los pilares de la Revolución Científica del siglo siguiente. Pero, desde el punto de vista masónico, la labor fue aún más importante, porque estos francmasones comenzaron a fundamentar la Masonería especulativa frente a la operativa, y por supuesto, a otras organizaciones, como las que estaban vinculadas a la Iglesia. Y este trabajo culminó con la fundamental Asamblea del año 1523 que aprobó los principios básicos de la Francmasonería universal, también conocida como Constitución Francesa.
En primer lugar, las Constituciones definían qué era una logia, formada como mínimo por siete francmasones, y a cubierto de cualquier indiscreción profana. Los masones se reunían para discutir y resolver libremente por mayoría de votos los asuntos colectivos que les interesaran. Las Constituciones defendían el libre pensamiento, el intercambio de conocimientos y prácticas en bien de la humanidad, la libertad de conciencia, el derecho de los pueblos a gobernarse libremente, el fin de los privilegios estamentales, los principios de unión, solidaridad y cooperación, la inclinación al estudio y al trabajo, la igualdad, el espíritu cosmopolita y la fraternidad, por lo que podemos entender las causas por las que los grandes poderes establecidos, como la Iglesia, terminarían atacando y persiguiendo a la Masonería.
Las Constituciones, como propio de este tipo de documentos, no sólo planteaba los aspectos ideológicos, sino que, además, planteaba la estructura de la Francmasonería universal, con los grados de capacitación de aprendiz, compañero y maestro, que debían ser escalados, además de conocer la leyenda sobre la Construcción del Templo de Salomón. También se establecían las obligaciones y derechos que todo francmasón tenía en la Logia y en la Gran Logia o Asamblea.
Todo su contenido permite afirmar que se trata de un texto fundacional de una importancia o envergadura fundamentales para los masones, que queda, muy frecuentemente, en la sombra frente a las Constituciones de Anderson.
Debemos seguir trabajando sobre esta época porque creemos que se pueden encontrar más claves para entender los orígenes. La piedra bruta necesita seguir siendo trabajada. Quizás un día podamos también festejar el aniversario de las Constituciones de 1523.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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