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Vernon Lee (1856-1935): La constatación hiriente de que crear es imaginar, recordar... con la intención de huir de la angustia y la soledad


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Sentí muy claramente que el pasado es

sólo una creación del presente

VERNON LEE

¿Por qué nos atrae un autor o una autora? Un día cualquiera te tropiezas con una cita, una referencia y sin saber porqué, te apetece saber más. Quizás, porque su literatura y su pensamiento, intriga, desconcierta o brilla con luz propia. Otro día, lees algo sobre ella, de Javier Marías o de Vicente Molina Foix… esa trayectoria te lleva a interesarte por personajes, casi siempre injustamente olvidados, maltratados por los bien pensantes… Y, sin embargo, aguardan pacientemente, el momento de ser rescatados.

Así fue como tuve noticia y me fui adentrando en el universo de ficción contradictorio y desgarrador de Vernon Lee. Dice mucho de la poca inquietud y de la pereza mental que en nuestro país sea ahora cuando comenzamos a saber y a leer algo de ella y sobre ella.

De hecho fue el movimiento feminista el que en la década de los noventa del pasado siglo, comenzó a reivindicarla y a poner en valor su valiente y decidida actitud ante la vida y, al mismo tiempo, a apreciar la calidad de su prosa.

Fue una escritora original y auténtica; autora de cuentos o relatos breves un tanto inquietantes, un tanto góticos y sutilmente misteriosos. No es esa su única faceta. Sus ensayos sobre estética alcanzaron cierta notoriedad. No está de más, desde luego, echar una ojeada a sus libros de viajes o a algunas de sus novelas o diarios. Además, sus opiniones sobre arte y música italiana, aunque polémicas, no carecen en absoluto de interés. Quien aún no haya leído nada sobre ella puede comenzar por “La voz maligna”, que es sin duda, una de sus piezas maestras. Podemos disfrutar de una excelente edición en castellano de la Editorial Siruela.

Su personalidad y sus cambios de carácter no solían dejar indiferente a nadie. Su “genio” se manifestaba de inmediato, así como su erudición y la agudeza de sus puntos de vista. Es lo que le ocurrió al historiador del arte Mario Praz, cuando la conoció en Florencia.

Digamos algo más sobre ella. Vernon Lee es el pseudónimo de Violet Paget. Un caso más de una mujer que se oculta bajo una identidad masculina. Era inteligente y culta, extraña, contradictoria y rebelde, además de una feminista convencida, en un momento histórico en que las actitudes como la suya se ponían de manifiesto en conductas individuales contra-corriente, provocativas, insumisas y ácidamente críticas. Por si esto fuera poco, tuvo unos sólidos principios pacifistas que demostró durante la Guerra del 14.

Únase a esto, que fue una hábil polemista. Sus conocimientos en materia de arte eran amplios, no es extraño por tanto, que un cuadro, una música de clavicordio o la evocación de un edificio histórico, aparezcan de forma constante en sus sutiles relatos fantásticos.

Constantemente, da muestras de su sensibilidad en sus paseos a pie o en bicicleta. He de confesar que me impresionó la frase que figura en el frontispicio de este pequeño ensayo de divulgación.

Es, desde luego aguda, la visión de que el pasado sea una creación del presente. Probablemente, es una exageración pero no estaría de más seguir esa ruta para ver a dónde nos lleva. Sin duda, nos tropezaríamos con sendas ocultas, sugerentes, misteriosas que apetece transitar.

Es de destacar que su amor, incluso veneración por Italia, de esta británica, es un caso de enamoramiento a primera vista. Viajó mucho, pero el paisaje tanto urbano como campestre de la Toscana, ganaron decisivamente la partida. Dice mucho de esta “pasión” que con poco más de veinte años, publicara un ensayo que tuvo cierto eco e influencia, “Estudio del siglo XVIII en Italia”

No fue una mujer feliz. Vivía recluida en sí misma, sus escritos, sus viajes y sus afanes artísticos, eran la forma de huir de sus depresiones y melancolía. No buscaba agradar sino ser ella misma. Muchas veces vestía a lo garçon, con corbata y sombrero. Era esta otra forma de protesta sobre el papel que el patriarcalismo reservaba a las mujeres.

Tuvo más detractores que amigos. De hecho, se pueden contar con los dedos de una mano, aquellas y aquellos en quienes confiaba. Tanto Oscar Wilde como Henry James, aun reconociendo sus cualidades la fustigan con frecuencia. Entre quienes la comprendieron y defendieron hay que citar a Bernard Shaw y a la también protofeminista, Edith Wharton.

Quisiera ahora comentar de forma liviana sus relatos de fantasmas, un tanto góticos, que quienes la han leído con detenimiento comparan con la escritora danesa Isak Dinesen. Son elegantes, de una indudable calidad literaria y, a un tiempo, sutiles, decadentes y envueltos en un halo de misterio.

El pintor John Singer Sargent realizó un retrato suyo, que desde mi punto de vista, ofrece una visión certera de su carácter atormentado e introvertido y, al mismo tiempo, lleno de fuerza interior. Invito al lector a localizarlo y a emitir su propio juicio.

Otro rasgo suyo que quizás merezca la pena destacar, es su generosidad y compromiso con la cultura. Donó su selecta biblioteca al Instituto Británico de Florencia, donde a día de hoy, puede ser consultada. Siempre encontraba tiempo para detenerse y describir un prado cerca del Tiber, recubierto con mechones de junquillos amarillos, con forma de corazón.

Entre tantas visiones precipitadas y erróneas de los acontecimientos históricos y culturales de la primera mitad del siglo XX, es muy útil enfrentarlos con las opiniones heterodoxas de esta mujer frustrada e insatisfecha de lo que veía y… de lo que se veía venir.

Es perfectamente posible que su congoja melancólica venga de ahí. Las rígidas estructuras patriarcales le impedían toda capacidad de movimiento. Por eso, vivía “hacia dentro” porque hacia fuera era, sencillamente, imposible. Tal vez, pueda tirarse de ese hilo para llegar a su desengañada visión de la existencia.

La cultura era para ella un manto protector. Se suele presentar a la justicia como una figura mitológica, con los ojos vendados. Para Vernon Lee nunca fue posible prescindir de esa venda.

Vista retrospectivamente, representa un alegato –muy interesante, por cierto- sobre la pedantería y la vulgaridad de la Europa convulsa de su tiempo y de la postración a la que se veía reducida la mujer que intentaba ser ella misma.

Creo que es este el momento adecuado para reconocer que es mucho más que una narradora de cuentos sobrenaturales con toques y retoques góticos y apreciarla en todas y cada una de las facetas, como una figura “representativa” de la Europa de su tiempo.

Antes de poner fin a esta aproximación a Violet Paget, creo que es oportuno señalar que en Florencia gozó de la amistad del pintor Telémaco Signorini, con el que solía mantener largas conversaciones sobre arte.

Fue profundamente enigmática. Su vida, como ella misma expresó en diversos lugares y de distinta forma, estaba envuelta en múltiples capas como las que recubren los cuadros antiguos –pongamos, por ejemplo, Tintoretto- que tanto admiraba.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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