Rebeldía
- Escrito por Ricardo Olarte
- Publicado en Poetas
¿No oís un rumor sordo en lontananza
como de olas bravías, que se acerca;
cantos de lucha, gritos de combate,
los pasos de un ejército que avanza,
algo extraño que late
y que vibra en la atmósfera, anunciando
que ya el trabajador va despertando?
Es que, cansados de gemir opresos
los hijos del trabajo, se sublevan
contra sus opresores; contra esos
parásitos sociales que succionan
la sangre de sus víctimas, en tanto
que cánticos entonan
y plegarias elevan
á una divinidad monstruosa, airada,
bajo de cuyo manto
la Humanidad ha sido destrozada.
Mas por fin, al conjuro formidable
lanzado por la voz del Ideal,
todos los proletarios se agruparon,
de sus toscos cerebros arrojaron
la mentira ancestral,
y aquello que creíase inmutable,
el régimen social tirano y fiero
que desbordó la Tierra de amargura,
en un mañana breve y justiciero
encontrará su eterna sepultura.
Que nuestros sentimientos y deseos;
nuestra ansia de justicia, los trofeos
que en la lucha ganamos,
nuestros lemas de amor,
se han forjado en el yunque del dolor,
se han fundido en el fuego de la Idea,
y por esto en la lid no vacilamos
y con fe en nuestra causa, aseguramos
que el triunfo será nuestro, aunque nos sea
preciso, en aras del común progreso,
más vidas inmolar, más sacrificios
sufrir: ¡Que para eso
siempre estamos propicios,
porque en la rebelión que ha comenzado
no en balde nuestras almas se han templado!
Y así sienten, turbados y medrosos,
los que hasta hoy se han creído poderosos,
los solios vacilar en que se asientan
y en su vesania temerosa intentan
la protesta acallar del proletario.
¡Vano absurdo; pueril, extraordinario
empeño! ¡Sí; tan necio como vano
fuera intentar calmar del Océano
las olas tumultuarias, rugidoras,
que impelidas con fuerza por el viento
con ímpetu violento
baten las recias rocas, levantando
montes de espuma, su poder mostrando
en su inmenso furor aterradoras!
Como vana locura
fuera intentar, de las constelaciones
que surcan los espacios siderales,
el curso detener, las vibraciones
del éter extinguir; los inmortales
destellos apagar de su luz pura.
Como insensata empresa
fuera querer aprisionar la lumbre
que el padre Sol envía,
poderoso, en sus rayos esplendentes
cuando á la Tierra besa
con ósculos ardientes
que son fuerza y calor, luz y energía
que disfrutan igual la muchedumbre
que el potentado, omnímodo oligarca,
el cual creyó que acaparar podría
cuanto el humano pensamiento abarca.
Detener el progreso es imposible;
cumpliéndose su ley ineludible,
del férreo yugo que al hombre sojuzgara,
al cabo terminó el ciclo siniestro.
¡Bañemos la esperanza en su luz clara!
¡El porvenir es nuestro!
¡Abrid el pecho á la ilusión, hermanos!
Y juntando las manos
gritemos audazmente, fuertemente,
con aliento vital:
¡Galeotes del dolor,
esclavos del trabajo, alzad la frente!
¡Las cadenas que os atan, con vigor
rompedlas ya, porque sonó la hora
del término fatal,
que aguardaba á la odiosa burguesía;
pues brilla, débil aun, tenue, rosada,
con claridad de aurora,
la luz del nuevo día
donde, libre de la opresión abrumadora
en que estuvo abismada,
la Humanidad veráse emancipada.
(Vida Socialista, mayo 1911)