La guerra
- Escrito por Elías Miguel
- Publicado en Poetas
“Amaos los unos a los otros”
Jesucristo
La guerra es exterminio, es plaga asoladora
que todo lo destruye, cual férvido volcán.
Es lucha fratricida, funesta, irredentora,
que tiñe en sangre humana los campos que el Sol dora,
los campos que dan trigo, y vida y fuerza dan.
Por fieros egoísmos de testas coronadas,
combátense los pueblos con bélico furor;
retumban los cañones, explotan las granadas
y caen los soldados cual mieses delicadas
que va, con ritmo suave, cortando el segador.
Doquiera que palpita, la guerra va sembrando
los gérmenes malditos del odio y la crueldad.
Con su funesto impulso el mundo conquistando,
lo oprime, lo subyuga, lo tiene agonizando
y preso en unas redes de falsa libertad.
No hay en la guerra un átomo de amor y de nobleza,
en ella predomina el espíritu del mal;
invade cuanto toca con aires de fiereza,
es rio en que se agitan el odio y la impureza
y que convierte al orbe en vasto lodazal.
Si la existencia es lucha, ¿á qué buscar la guerra?
¿Por qué castiga al débil quien tiene más poder?
¡Dispútanse los hombres un trozo de la tierra,
y aquel que lo ha ganado, mas tarde, en él encierra,
en un rincón obscuro, la escoria de su ser!
¿A qué buscar la «Gloria», dañando á los que gimen?
¿A qué vestir la «Fuerza» con fúlgido oropel?
¡Por el «Amor», tan solo, los pueblos se redimen!
¡De flores ó brillantes, los lazos siempre oprimen!
¡Aun siendo muy gloriosa, la guerra siempre es cruel!
Yo he visto en mis ensueños, un mundo sin fronteras,
una nación inmensa, radiante de esplendor,
donde los hombres libres, sin armas ni banderas,
en un fraterno abrazo, gozaban las primeras
caricias sacrosantas de un infinito amor.
Allí, en aquella patria, reinaba la alegría.
Allí, era noble todo, sencillo, espiritual.
El joven, al anciano, cuidaba y protegía.
Ninguno, allí, lloraba; ninguno, allí, sufría.
Allí, en aquella patria, cayó vencido el «Mal».
Al contemplar, absorto, la patria de mis sueños,
que, mágica alumbraba, la luz de la «Razón»,
pensando en un futuro de tiempos más risueños
sentí profundamente piedad por los pequeños
que vagan por el mundo buscando redención.
No hay duda que la guerra destruye las naciones
que viven abismadas en su pasión ruin;
atrofia el sentimiento, marchita corazones,
¡que al desatar sus lenguas de acero los cañones anéganse las almas en un dolor sin fin.
(Vida Socialista, enero de 1912)