Lo impenetrable
- Escrito por Juan Luis Cordero
- Publicado en Poetas
I
Tenía negro el pelo y era moza y morena,
llevaba falda verde y pañuelo de grana,
eran sus grandes ojos más negros que la pena
y su andar era nuncio de su estirpe gitana.
Era bella la tarde, iba yo paseando,
iba yo paseando sin otra compañía
que la triste nostalgia que mi ser va minando
con la saña implacable de una lenta agonía.
—¿Te la digo, salao?—me dijo zalamera,
sonriendo con una sonrisa retrechera
y abarcándome todo con su intensa pupila,
mientras yo, seducido por su garbo gitano,
sin pronunciar palabra, le alargaba la mano
para que ella empezara con su voz de sibila.
II
—Esta raya me dice q'eres mu enamorao
y que ducas mu grandes por ser así has sufrió
y que tienes tu probé corazón traspasao
por un queré mu jondo que tu calvario ha sío.
Y na más sé. Tu sino es un arca cerra
y la yabe la tiene escondía un divé;
mis clisos no chanelan, yo no quiero engaña
á un payito que sabe lo que cuesta un queré.
—¡Muchas gracias!—la dije con voz temblona y
[queda
y, lleno de emoción, le alargué una moneda
que rehusó con un gesto mientras que me decía:
—Soleá la gitana no recibe dinero
de nenguno que ame con queré verdaero,
porque sabe queré con el alma y la vía.
III
Y se fué la gitana. Yo seguí mi camino
abismado en profundos pensamientos extraños.
jOh, qué triste ignorar lo que guarda el destino
en el denso misterio de los futuros años!
¡Amada, dulce Amada! ¿Serán nuestros amores
como esas hojas secas que arrastra el viento frío?
En tu jardín lozano, ¿se secarán las flores
sin haber aspirado su aroma el amor mío?
Oh, Amada, ¡quién lograra poder abrir el arcal,
¡quién penetrar pudiera su malicia escondida!
Ibi será mi destino ser un nuevo Petrarca
que llore la infinita tristeza de su suerte
viendo en brazos de otro á la mujer querida,
sin tener valentía para darse la muerte!
(Vida Socialista, septiembre de 1912)