Versos revolucionarios
- Escrito por F. Pérez de Vega
- Publicado en Poetas
El predicador (a mi querido amigo Juan Lamoneda)
Aumenta extraño rumor
en la humilde plazoleta;
después un solo clamor
de la multitud inquieta
que grita: ¡el predicaor!
Y apiñada y sofocante
la plebe trabajadora,
oir espera anhelante
la palabra redentora
y el pensamiento punzante.
Calla el rumor un momento,
y el apóstol de la idea
ante el auditorio atento
clama así, con el acento
rebelde de la pelea:
«De andrajos viles cubierta
el hambre tu rostro azota,
y al verte en la lucha yerta
dice mi esperanza rota,
la humanidad está muerta.
El látigo del burgués
tu cuerpo azota inclemente,
porque tu verdugo es,
y tú, cobarde, á sus pies
inclinas la adulta frente.
“Sin vigor ni juventud
acataste del tirano
capital la esclavitud,
y cual un perro, su mano
lames tú con gratitud.
«Eres siervo sin honor,
ciudadano sin justicia;
eres paria del dolor,
un esclavo del señor
y el sostén de la avaricia
“En tu mísera cabana
la miseria se amontona.
Para tí, qué guarda España?
De bandidos la cizaña, ç
y el tributo á una corona.
“Si aún abrigas en tu pecho
generosos ideales,
y resistes á despecho
de los recios vendavales
proclamando tu derecho
“Bajo esa bandera mía,
que color de sangre ostenta
(sangre esclava de algún día)
¡ven y lavarás la afrenta
de la infame burguesía!»
Y apiñada y sofocante
la plebe trabajadora,
así escuchaba anhelante
la palabra redentora
del socialismo triunfante
(Vida Socialista, 9 de octubre de 1912)