Tríptico
- Escrito por Antonio Paradas
- Publicado en Poetas
LA ESCLAVA DEL DINERO
En un lujoso tren va deslumbrante
prisionera en su regia vestidura,
sonriendo banal, con arrogante
y olímpico desdén en su apostura.
Sus negros ojos, vivos ó inquietantes,
sobre el rostro de nítida blancura
denotan, con fulgores lujuriantes,
el goce de vivir hasta la hartura.
En su humilde mansión de menestrala
soñó con el placer de las riquezas,
y hallólas, descendiendo por la escala
de una vida de impúdicas bajezas,
en un sátiro viejo que á gran gala
tuvo el donarla vicios y grandezas.
LA ESCLAVA DEL AMOR
De un amor ideal eterna soñadora
sacrificó su honor, virtud y nombre,
fiando en la esperanza engañadora
del amor rufianesco de un mal hombre.
Callando su dolor la pecadora
en infecto prostíbulo se esconde,
esperando, con fe consoladora,
un amor que se fué ¡quién sabe dónde!
Entre orgías y horrendas bacanales,
do encuentran un placer los fracasados,
vive fingiendo amor, llorando males
que en su alma perviven resguardados,
la pobre flor marchita en los umbrales
de una vida de amores ignorados.
LA ESCLAVA DEL TRABAJO
¡Oh, abeja humana! que la infausta suerte
cruel te deparó triste destino;
tienes un alma varonil y fuerte
dentro del bello encanto femenino.
Con pasión te venero cuando advierte
mi pobre ser, que ante tu faz inclino,
cómo salvando vas, sin condolerte,
la espantosa aridez de tu camino.
¡Oh, heroína sin par de mis amores!
Yo admiro tu poder y tu grandeza
porque sabes, venciendo los horrores
de esta vida falaz y su impureza,
ir tu vida aromando con las flores
del amor, la virtud y la pobreza.
(Vida Socialista, febrero de 1912)