De la Fiesta Nacional
- Escrito por Alberto M. Callobre
- Publicado en Poetas
A mi querido amigo D. Romualdo Jiménez
Del circo la extensión, llena
de gente está; ios semblantes
contraen las emocionantes
peripecias de la escena.
Borracha la concurrencia
con mil fuertes sensaciones,
se atrofian los coraxones
y huye de ellos la clemencia.
Y excita á los picadores
frenética y cruel, á coro,
á que arrojen sobre el toro
los jamelgos sufridores.
Y á los toreros también
incrépales con mil ternos,
porque quiere que á los cuernos
siempre arrimados estén.
¿Que de un violento encontrón
da un tremendo batacazo
un picador? ¡El porrazo
produce gran diversión!
¿Que sale un corcel por pies
por una cornada horrible
el vientre abierto? ¡Risible
motivo del pópulo es!
Y si acaso á un lidiador
deja algún buró tendido,
no bien los aires ha hendido
una exclamación de horror,
sigue la función su curso;
y pasada la primera
impresión que produjera
la desgracia en el concurso,
la murga vuelve á tocar,
la gente vuelve á aplaudir;
¿que el diestro aquél va á morir?
¡Pché! ¡Otro no ha de faltar!
No satisfecho aún, su cruel
instinto más hule espera,
que no es la fiera más fiera
la que está en el redondel,
sino el público bestial
que goza con un tal drama
y con orgullo le llama
—¡qué honor!—Fiesta nacional.
¡Oh, racional inconcienoia!...
¡Pienso, al ver tu salvajismo,
que nos hallamos lo mismo
que Roma en su decadencia!
(Vida Socialista, mayo de 1910)