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El esperanto para acortar distancias entre los trabajadores


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En otros trabajos hemos aludido a la importancia en la enseñanza y difusión del esperanto que tuvo la figura de Francisco Azorín. Regresamos en esta pieza a su magisterio para exponer sus ideas sobre cómo el esperanto servía para acortar distancias entre los trabajadores, la idea-fuerza que vinculaba el esperanto con el movimiento obrero. Nos fijamos en un artículo que publicó en el número del 28 de noviembre de 1923 en El Socialista.

Una de las mayores dificultades que tenía el proletariado en su lucha para que la organización obrera alcanzara su mayoría de edad, y para intensificar sus relaciones, era la extremada diversidad de idiomas. Las distancias físicas se salvarían con facilidad gracias a los avances tecnológicos. Las diferencias ideológicas se podían superar ejerciendo la tolerancia, pero, aun socializando los medios económicos quedaba siempre la diversidad idiomática. Constituía una barrera indudable.

Esa barrera podría superarse si se aprendieran todos los idiomas, pero eso era imposible. La solución pasaba por adoptar, sin perjuicio de la coexistencia de los idiomas propios, una “lengua auxiliar internacional”.

Para Azorín, hasta el momento el proletariado había soslayado esta cuestión. El proletariado había aceptado la “ruta política” marcada por los Estados capitalistas al seguir con los idiomas de los países “prepotentes”, en alusión a los de las potencias principales, esto es, el inglés, el francés y hasta el alemán. En consecuencia, en los Congresos obreros internacionales se tenía que dejar la palabra a los que tenían una educación privilegiada o había que emplear un “pesado contingente de intérpretes”, lo que terminaba por convertir las discusiones en un frío cambio de notas.

Había quien opinaba que la solución había que dejarla al tiempo, que, por selección, iría determinando el idioma más conveniente. Pero los socialistas no podían aceptar un argumento basado en el determinismo histórico.

El proletariado internacional debía adoptar un idioma oficial o auxiliar internacional. Se necesitaba un idioma que pusiera a todos en un plano de igualdad, un idioma “neutral”, alejado de las influencias y vaivenes de los Estados, un idioma fácil, un idioma que empezase por aceptar todas las voces y que redujese su gramática a unas brevísimas reglas, un idioma ya ensayado por algunos millares de personas y por literatos en sus libros, periodistas en sus revistas, y por hombres de ciencia en sus trabajos; en fin, el idioma esperanto.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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