La situación de los pescadores en Huelva hacia 1916
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Gracias a la crónica que firmó Juan Moro en abril de 1916, y que publicó El Socialista en su número del día 29 de ese mes y año, conocemos la dura vida de los marinos onubenses, la situación de la pesca y del precio del pescado en la segunda década del siglo XX, un testimonio que nos parece muy importante para seguir ahondando en el conocimiento de la situación sociolaboral española del pasado siglo.
Las localidades de la ensenada de Huelva, es decir, Lepe, Cartaya, Ayamonte e Isla Cristina, más Palos, Moguer y la propia Huelva siempre habían sacado una inmensa riqueza de los mares, pero en los últimos diez años los marineros estaban sufriendo una espantosa pobreza porque lo permitían las autoridades de marina y por las decisiones que se habían tomado, según nuestro denunciante. Eso era así porque se había permitido instalar en la costa numerosas industrias fuera de la ley, y que habían esquilmado la riqueza pesquera.
La ensenada de Huelva sería una costa de refugio del pescado del Atlántico. Hasta hacía diez años (recordemos que la denuncia es de 1916) hubo 170 embarcaciones con 1000 marineros en sus tripulaciones, avecindados en Huelva. Obtenían una producción muy importante, calculándose en un canasto de 27 kilos durante 150 días la pesca equivalente de cada marinero. Pues bien, en 1916 había 30 embarcaciones con una dotación de 200 marineros, que pescaban en los 150 días un promedio de 10 kilos diarios por individuo. El número de familias que vivían del mar había descendido, por lo tanto, de forma evidente.
Como consecuencia de la crisis marinera el precio del pescado se había elevado en la misma relación que se había empobrecido la industria. El valor del canasto de 27 kilos de pescado era, por término medio, en el pasado, 12’50 pesetas, o lo que es lo mismo, 45 céntimos el kilo, pero en el momento presente el mismo canasto valía entre 25 y 30 pesetas.
Todo esto había provocado un considerable aumento del paro de los marineros, poner en grave crisis a la industria y que se encarecieran de forma evidente las subsistencias.
Los marineros de Huelva se habrían dado cuenta al fin de que no se podía aguantar por más tiempo, por lo que en la primavera de ese mismo año habían considerado la necesidad de la unión o asociación en un manifiesto. Moro entresacaba una parte del mismo, y que nosotros incluimos en este artículo:
“Ha llegado la hora de defender cada uno, y todos, nuestros derechos conduciéndonos como ciudadanos; que es injusto que unos pocos, contra los más, nos lleven a la miseria y desesperación.
Debido a los inveterados abusos que desde hace años vienen cometiendo las parejas de pesca del bou, faltando abiertamente a la ley, hoy la mar se encuentra en un estado verdaderamente ruinoso.
Es, sobre todo, de urgente necesidad, que antes que entre la arribazón del pescado para el desove hagamos cuanto sea necesario por conseguir de las autoridades de marina la implantación de la veda para que no se destruya la cría, como viene ocurriendo.
Con el solo cumplimiento de la ley podemos considerarnos salvados de nuestra actual precaria situación, y el público, y en particular la clase pobre, habrá logrado nutrirse de pescado blanco y fino a bajo precio, lo que hoy es imposible.
¡Marineros! ¡A organizarse y a exigir el cumplimiento de la ley! Ni tenemos que cumplir más, ni las autoridades pueden darnos menos.”
Dos ideas nos parecen fundamentales de este texto. En primer lugar, comprobamos el convencimiento de que había que evitar la sobreexplotación del mar, demostrando los marineros de Huelva un gran sentido. En segundo lugar, estaríamos ante un nuevo ejercicio sobre la necesidad de que los trabajadores debían asociarse para defender sus derechos y los de las clases humildes.
Moro explicaba que las almadrabas ocupaban la ensenada de Huelva, y que de ellas era accionista el conde de Romanones, que la pesca del bou y aún la de la almadraba se realizaba con artes ilegales, por lo que el pescado era escaso, se vendía caro y 800 trabajadores solamente en Huelva capital se veían privados de trabajo, aumentando el sufrimiento de una población ya muy explotada.
Moro prometía a los lectores de El Socialista que en más artículos explicaría los abusos que se cometían en la ensenada y de cómo el servicio de vigilancia era ineficaz.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.