Historia del control obrero entre el Imperio y la República de Weimar. Primera Parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Aimé Floreal realizó en los inicios de 1924 un exhaustivo reportaje en distintos números de El Socialista sobre el control obrero a cuenta de la Encuesta Internacional sobre la aplicación parcial y legal del control obrero o sindical en las industrias, que puso en marcha la Asociación Internacional para la Protección Legal de los Trabajadores. La misma tomó la decisión de plantear un cuestionario sobre la materia en su novena asamblea que tuvo lugar en 1921. La Asociación fue una organización que se puso en marcha en Basilea en el año 1901 tras una Conferencia previa celebrada en Paris. Pretendía unificar las normas laborales entre los países participantes mediante el intercambio de información social y jurídica. En cierta medida sus planteamientos y organización inspirarían el modelo organizativo de la OIT.
La mencionada encuesta supone un material muy interesante sobre la cuestión del control obrero en la posguerra mundial. Y debe considerarse muy estimable el esfuerzo divulgador de Aimé Floreal.
En esta primera pieza ofrecemos algunas claves del control obrero en la Gran Guerra en Alemania. Después abordaremos lo que ocurrió en la posguerra para terminar con otro trabajo sobre las primeras realizaciones en la recién constituida República de Weimar.
Algunos precedentes se podrían rastrear en la legislación anterior a la Gran Guerra, pero la cuestión se aceleró, precisamente, con el conflicto. Los sindicatos adquirieron gran importancia y fruto de ello fue la Ley de 5 de diciembre de 1916 acerca del servicio auxiliar, es decir, sobre la movilización industrial de todos los hombres capaces de trabajar y que no estuvieran en el frente o en tareas militares.
Algo semejante se implantó en el otro bando, en el Reino Unido y Francia. Pero los sindicatos alemanes aprovecharon la reforma legal porque en la misma se estableció que en las industrias con más de cincuenta trabajadores debían establecerse Comités de obreros y empleados y Comisiones de arbitraje, con presidentes independientes para solucionar los conflictos laborales.
Seguramente, el Gobierno imperial era consciente de que había que evitar todo conflicto en tiempos de guerra y que tampoco parecía conveniente emplear la represión.
Hacia el final de la contienda se creó una Asociación Común Central, compuesta por las principales organizaciones patronales y obreras, divida en catorce asociaciones federales, agrupadas por industrias.
Se trataba de una tentativa de organización común para el conjunto de industrias alemanas y de un primer reconocimiento público de los sindicatos para representar a los trabajadores, y que pretendían la gestión sindical de las empresas.
Entre los acuerdos tomados por la Asociación Central destacó el de aplicar la jornada de ocho horas en toda Alemania a partir del 15 de noviembre de 1818. Otra decisión fundamental fue que debían constituirse Comités de obreros en todas las industrias con al menos cincuenta personas.
En el final de la Guerra y el período revolucionario al final los sindicatos consiguieron tomar el control, pero, además, porque muchos empresarios y dirigentes habían abandonado sus puestos.
Los sindicatos se incautaron de los servicios del Estado. Por toda Alemania se improvisaron Consejos de obreros y soldados de distintas tendencias. Muy pronto se iba a dar una disposición fundamental.
Seguiremos.
Nuestra fuente ha sido el número 4686 de 12 de febrero de 1924 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.