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Los campesinos franceses en vísperas de la Revolución


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El campesinado en la Francia del Antiguo Régimen, como en el resto de Europa occidental, no era homogéneo. La Francia rural estaba compuesta por tres grandes grupos. En la cúspide de la escala social se encontraban los campesinos que eran propietarios, tanto los granjeros de posición acomodada como los propietarios medios y en la base habría una gran masa de jornaleros o braceros y los que aún padecían los rasgos de la servidumbre feudal, que no sería abolida hasta la Revolución. En medio, existiría un oscilante grupo de pequeños propietarios.

Los campesinos más acomodados experimentaron una clara mejoría en su situación económica derivada del auge agrícola del siglo XVIII y por el alza de los precios del trigo al menos hasta la década de los años setenta. Pero los campesinos no propietarios muy pobres no mejoraron en absoluto porque aunque sí subieron los salarios no lo hicieron en la misma proporción que los precios. Así pues, el enriquecimiento de unos se cimentaba en el empobrecimiento de la mayoría. La situación se agravaba en las periódicas crisis de subsistencia cuando la producción agrícola disminuía por las malas cosechas y los precios se disparaban, algo común en la economía preindustrial. El hambre elevaba las tasas de mortalidad. Por fin, el pequeño propietario aunque tenía una situación mejor que la del jornalero, tampoco mejoró mucho en este siglo, ya que no generaba los suficientes excedentes en los años buenos para poder vender en los períodos de crisis para subsistir, cuando los precios se elevaban considerablemente. También sufría los años de buenas cosechas, ya que los precios descendían y caían los beneficios.

En los años previos al estallido de la Revolución el campo francés sufrió una situación harto difícil derivada, por un lado de los problemas estructurales propios de una agricultura atrasada, y que en ese momento provocaron la llegada de un ciclo de malas cosechas, y por otro, de otros problemas propios del momento, como fueron el exceso de población, el ataque de los poderosos a los bienes comunales que eran un balón de oxígeno para la economía de los campesinos y la reacción feudal de los nobles.

Por fin, la presión fiscal combinada del rey, tanto directa –talla, capitación, vigésimo- como indirecta –gabelas-, con la señorial –censos, laudemios, ventas, etc..-, y la eclesiástica –diezmos- pasó a ser abrumadora y asfixiante.

El campo francés ardería en los inicios de la Revolución.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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