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De nuevo, Sixto Cámara


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En El Obrero publicamos una breve biografía sobre Sixto Cámara, en mayo de 2018, incluyendo un texto de Pi i Margall en el que se relataba su triste final. Pues bien, regresamos a este personaje del primer socialismo español a través de un material poco conocido, y publicado en La Ilustración Republicana Federal, que en agosto de 1871 le rindió una especie de homenaje, publicando un trabajo suyo, y aportando unas notas biográficas, firmadas por Lisso. Debemos recordar que Cámara falleció en 1859 en Olivenza.

De estas notas biográficas nos interesan algunos datos que no insertamos en el artículo anterior, y otros más extensos sobre aspectos sí tratados. Se nos informa que nació en Milagros, en la Rioja Navarra, en el año 1825, en el seno de una familia modesta, que no pudo darle la educación necesaria, aunque esto no sería obstáculo para que se la procurase por su cuenta. Fue elegido para dirigir una compañía de milicianos nacionales durante la guerra civil.

En 1843 ya se encontraba en Madrid, publicando trabajos en el periódico satírico, La Tarántula, para luego redactar El Nuevo Espectador, y en 1846, junto con Fernando Garrido Tortosa, que fue el que proporcionó muchos de los datos de estas notas biográficas para el periódico republicano federal (Garrido llegó a publicar una biografía de nuestro protagonista), se dedicó a defender las ideas de Fourier y del socialismo en el periódico decenal La Atracción, que editaba el propio Garrido, y donde colaboraban Ordax Avecilla, Federico Beltrán, Moya y Vega, pero también en La Organización del Trabajo, una publicación que cerró el gobierno tras las jornadas de 1848, en plena oleada represiva de Narváez.

Cámara estuvo en la firma del programa de los demócratas, junto con Orense, Ordax Avecilla y otros. Poco después publicó El Espíritu Moderno, donde examinaba las ideas del progreso y realizaba un análisis de todos los sistemas. También sacó la Guía de la Juventud, y La Cuestión Social, un libro donde rebatía, como dijimos en el anterior trabajo, las ideas de Thiers.

Nuestro protagonista fue elegido secretario de la Junta Democrática, que presidió Calvo y Mateo. Cámara ya había consolidado una fama de publicista, de orador en la Academia de Emulación, defendiendo la causa socialista.

A fines del año 1849 dirigió La Reforma Económica, y después el Eco de la Juventud, que se refundieron en La Asociación, suprimida por real orden. No pudo ser candidato para diputado por Castilla la Vieja porque su padre enfermó y tuvo que regresar a su pueblo.

Cámara fue infatigable en su trabajo como periodista y publicista. Transformó el periódico satírico El Sueco en La Tribuna del Pueblo, con el fin de defender los principios democráticos y socialistas, con parecida suerte que con otros periódicos ante la autoridad.

En el año 1852 se encargó de comunicar a los demócratas el retraimiento, y además se representó en el Teatro de la Cruz su drama Jaime el Barbudo.

En este período de carencia de muchas libertades, cerradas las Cortes, y con muchas persecuciones, estalló la Vicalvarada en 1854. Ahí estaba Sixto Cámara, exponiendo su vida, arengando y publicando hojas como el prospecto La Verdad, que le hicieron ser detenido y conducido al Saladero. Se le abrieron dos causas, una por sus escritos y otra sobre una acusación falsa en relación a saqueos de las tiendas de comestibles. Al salir de la cárcel se presentó en la reunión electoral que se estaba celebrando en el Teatro del Príncipe, y aunque los progresistas intentaron que no hablara, lo consiguió.

A los pocos días cambió El Esparterista por La Soberanía Nacional donde escribió encendidos artículos que le hicieron muy popular. A primeros de diciembre publicó un artículo denunciando los planes de la reacción, pero los progresistas no le hicieron caso y dejaron a O’Donnell destruir la Milicia Nacional. Cámara sabía cómo estaba derivando el Bienio Progresista. Otro artículo le valió la apertura de una nueva causa.

Cámara estuvo en primera línea en los enfrentamientos de julio de 1856. A causa de esto tuvo que huir por Andalucía, aunque con otros participó en la sublevación de los demócratas malagueños. Tuvo que entrar, no sin dificultad en Gibraltar, y de ahí pasaría a Lisboa, donde intentó reorganizar el Partido Demócrata, y preparar un movimiento revolucionario desde Andalucía. Narváez pidió al gobierno portugués que se expulsara a Sixto Cámara. No se procedió a tal expulsión, provocando que Cámara publicase un artículo dando gracias a la prensa portuguesa.

Sixto Cámara abandonó Lisboa el 27 de junio de 1859. Su cadáver fue encontrado en Olivenza. Sabía que la policía le perseguía y quiso volver a Portugal, muriendo asfixiado por el calor, el cansancio y la agitación. Junto a su cadáver estuvo su amigo Moreno Ruiz, que no quiso salvarse abandonándolo, para morir a los pocos días en el cadalso.

Su viuda y amigos obtuvieron una real orden para exhumar el cadáver, pero el gobierno y la Junta de Sanidad se opusieron. También se intentó hacer una suscripción para su hijo pequeño pero la autoridad prohibió publicar las listas.

Hemos empleado el número 9 (13 de agosto de 1871) de La Ilustración Republicana Federal, nuestro anterior trabajo citado en El Obrero, y no podemos dejar de aludir al libro de Antonio Elorza sobre el socialismo utópico español, un clásico que no muere. También podemos acudir a la hemeroteca de este diario para entender la importancia del Partido Demócrata en la España del siglo XIX.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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