Elogio del Congreso Laborista de 1927 como un parlamento obrero por los socialistas españoles
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Ya es evidente que el laborismo británico supuso un referente para el socialismo español durante la década de los años veinte. Su ascenso electoral, y su acceso al poder en 1924 y en 1929 se convirtieron en una posible alternativa al comunismo soviético a imitar o, al menos, a considerar. Por eso, todo lo que ocurría en esta formación y en el movimiento obrero británico fue seguido casi al minuto desde El Socialista. Algún día tendremos que realizar la historia monográfica de esta cuestión, después de haber abordado parcialmente esta realidad en distintos artículos.
Pues bien, en este contexto, en el otoño de 1927 el periódico socialista español dedicó una columna a la realidad laborista a cuenta del Congreso Nacional de la formación británica, celebrado en Blackpool. Los Congresos laboristas constituirían en opinión del diario español verdaderas asambleas políticas de carácter obrerista, y hasta el momento, además, no habrían sido igualadas por ningún otro sector político en el mundo.
El Partido Laborista era de todos los partidos obreros europeos el que mas cerca se hallaba del poder, de donde trataban de alejarle los actuales gobernantes con todo tipo de subterfugios. Las elecciones parciales estaban demostrando la fuerza del laborismo.
El periódico resaltaba el interés que siempre había tenido la clase obrera británica por las luchas políticas. Los trabajadores habían comenzado apoyando a los liberales, como bien sabemos, frente a los conservadores, para luego, a medida que se desarrollaban los antagonismos sociales, organizarse por sí mismos, con su organización de clase. Los obreros siempre habían entendido que al esfuerzo político se debía que disfrutasen del nivel de vida más alto de entre los obreros de toda Europa.
Los socialistas españoles valoraban mucho el hecho de que en Gran Bretaña el sufragio sí había servido para dar fuerza a los trabajadores porque en otros muchos países, y estaban pensando seguramente en España, aunque el sufragio universal se había reconocido antes, lo había sido a sabiendas de que constituía una ficción y de que no sería realmente ejercitado.
El problema era, como hemos anticipado, que, al borde de acceder al poder se acumulaban los obstáculos para intentar que no se produjese ese hecho.
Los conservadores se habían erigido en una especie de “protectores del obrero”, pero no comprendían, en la interpretación española, que el movimiento obrero británico era mayor de edad, que no buscaba ningún tipo de protección, y sí más derechos. Los trabajadores habrían llegado a la plenitud consciente de su función social, y por eso, querían ser considerados como uno de los factores que aseguraban a la sociedad sus medios de existencia.
Por eso, el Partido Laborista en su Congreso de Blackpool, al mismo tiempo que afirmaba libremente su personalidad colectiva, concretaba con nitidez su posición ante los problemas de todo tipo que tenía el país. Una de las cuestiones más valoradas desde el socialismo español había sido que, haciendo del Congreso de Blackpool un verdadero Parlamento obrero, se había trazado el programa que debía ser sometido a los electores ante la perspectiva de unas futuras elecciones. Se trataba de un verdadero programa de Gobierno.
Hemos trabajado con el número 5826 de El Socialista, de 11 de octubre de 1927. En la hemeroteca de El Obrero encontraremos muestras de nuestro interés en el laborismo de los años veinte.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.