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Mujer y Socialismo en los inicios del PSOE


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“Una doble supeditación sufre hoy la mujer: la supeditación económica, general a toda la clase asalariada, y la supeditación al varón. Esta es verdaderamente humillante y depresiva para su dignidad, puesto que, en la mayoría de los casos, no es la mujer la compañera del hombre, sino su criada, su esclava, un objeto de placer o un simple adorno”

Pablo Iglesias.

La cuestión de la emancipación de la mujer adquirió importancia en el socialismo español al comenzar el siglo XX, coincidiendo con la incorporación de las mujeres al mundo laboral, el aumento de la fuerza del feminismo burgués, así como el de signo anarquista. Como gran obstáculo de la lucha por los derechos femeninos estaría el fuerte peso de la Iglesia en España, generadora de muchos estereotipos e inercias de difícil superación.

En el socialismo español se pueden advertir dos posicionamientos más tradicionales ante la cuestión de la emancipación de la mujer. En primer lugar, existía un sector que solamente contemplaba la igualdad jurídica y política pero no la de tipo social, aunque criticaba al sufragismo por burgués y antinatural. No se trató de un posicionamiento muy articulado, pero estaba impregnado de la mentalidad patriarcal sobre el papel de la mujer en el hogar y como madre fuera del ámbito laboral. En realidad, era una postura muy extendida en el seno del socialismo occidental, y que tendría que ser combatida por destacados socialistas como Auguste Bebel, además de por las propias mujeres socialistas como Clara Zetkin. La segunda posición se puede rastrear en el “Decálogo Socialista” (1908), en el que se hacían recomendaciones a los socialistas varones para que respetasen a sus compañeras y para que las enseñasen el pensamiento socialista frente al poder del clero, dueño de la mentalidad popular.

Pero también es cierto que fue cuajando una postura feminista. Se trataba de un posicionamiento que conjugaba la lucha feminista con la social. El socialismo y el feminismo no serían lo mismo porque la mujer sufría una doble discriminación, debido a cuestiones de sexo, pero las dos luchas podían articularse porque, en última instancia, ambas pretendían la emancipación de la mujer. Esta era la postura defendida por las mujeres socialistas, como Amparo Martí o María de Lluría, y adquiriría importancia en los años veinte al incorporarse a la discusión en los Congresos, y cuando María Cambrils publicase su libro, Feminismo Socialista (1925).

Deben consultarse dos trabajos:

Marta Bizcarrondo, “Los orígenes del feminismo socialista en España”, en V.V.A.A., La mujer en la Historia de España (siglos XVI-XX), Madrid, 1994, pp. 137-158.

Rosa María Capel, “Mujer y Socialismo (1848-1939)” en Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, nº 7, (2008), pp. 101-122.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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