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La defensa de la semana laboral de cinco días en Estados Unidos en los años veinte


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En estos momentos en los que se debate sobre la semana laboral de cuatro días recordamos la defensa de la semana de cinco días en Estados Unidos a finales de los años veinte.

Como es sabido, hasta los años setenta y ochenta del pasado siglo XX no se generalizó la semana laboral de cinco días, ya que era muy común trabajar el sábado o, al menos, el sábado por la mañana. En todo caso, sigue habiendo países con semanas de seis días o cinco días y medio.

Como decíamos, en Estados Unidos se planteó un debate en los años veinte sobre la reducción de la semana laboral a cinco días, de lunes y a viernes.

Importante fue, al respecto, un discurso que pronunció William Green, presidente de la Federación Americana del Trabajo (AFL) sobre la semana de cinco días. Debemos recordar que Green lideró la Federación entre 1924 y 1952. Desde esta responsabilidad, a la que llegó después de la muerte de Samuel Gompers, abogó por un cambio de estrategia basado en la cooperación frente a la confrontación.

En el discurso aludido Green recomendaba que se adoptara la reforma de la semana de cinco días, un cambio que ya había empezado a establecerse a través de convenios laborales. En este sentido, sabemos que Ford había comenzado a aplicar este cambio en algunas secciones con semanas de cuarenta horas. Green explicaba que al principio esta semana se consideró como un ensayo, pero como tal se había comprobado su viabilidad. Los obreros, por su parte, había conseguido más descanso y más tiempo para el ocio. Y de resultas de estas ganancias personales habría aumentado el rendimiento profesional. Por todo ello, anunció que la Federación iba a seguir trabajando para que se adoptara de forma general la reforma.

Por otro lado, el secretario de la Federación, Frank Morrison, también hizo pública su opinión sobre la semana laboral. Morrison defendía la reducción del trabajo vinculada a la renovación tecnológica y al crecimiento de la producción resultante de la aplicación de máquinas automáticas. La reivindicación, en su opinión, triunfaría cuando los empresarios comprendiesen que sus máquinas automáticas producían, pero no consumían.

Pero la semana de cinco días también encontró apoyo en la Administración, en el Departamento de Trabajo. Al parecer, el comisario de las Estadísticas de Trabajo la llegó a proponer como uno de los remedios contra el paro. Consideraba que aquellos que pensaban que la prolongación de la duración del tiempo de trabajo y la rebaja de los salarios eran la solución para los problemas de la industria norteamericana estaban viviendo en el pasado cuando trabajando durante interminables jornadas no se producía lo suficiente ni para alimentar y atender las primeras necesidades de la población. El problema era distinto en el presente, ya que había que buscar dar salida a la superproducción, no bastando ni la exportación. Por eso, la industria de los Estados Unidos podía adoptar la semana de cinco días sin perjuicio económico alguno.

Nuestra fuente ha sido el número 6262 de El Socialista, de 6 de marzo de 1929.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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