Reclús, la tierra y los campesinos
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
La revista española Vida Socialista publicó en junio de 1911 un trabajo de Élisée Reclus, dirigido al campesino sobre la cuestión de la propiedad de la tierra, que glosamos en este apunte porque se trata, a nuestro entender, de toda una joya pedagógica sobre de quién era realmente la tierra, de la diferencia entre el pequeño campesino y el gran señor, y de la expropiación de la gran propiedad, y que animamos a leer directamente en el número 75 de la revista mencionada.
Se dirigía el geógrafo y anarquista francés al campesino como hermano porque le había preguntado (figura retórica) sobre el hecho de que los obreros de la ciudad querían desposeerle de la tierra, de la que había mantenido a su familia desde los tiempos de su abuelo.
Pero Reclus le avisaba que no era cierto. El suelo era suyo y como era él quien lo cultivaba a él solamente le pertenecían las mieses. Podía guardar sus campos con toda tranquilidad y conservar sus aperos porque nada era más sagrado que su labor.
Pero esto no era extensivo hacia otros que se creían cultivadores del suelo pero que no lo eran, sin embargo, es decir, los grandes señores, cuyas propiedades se extendían desde el monte hasta el llano, y en las que trabajaban para ellos cientos y miles de obreros. Podrían visitar o no las tierras, pero lo que sí hacían era recoger y vender los productos de tierras que ni tan siquiera habían visto. A sus casas afluían sacos de dinero, como renta de sus propiedades.
Pues bien, cuando se fueran lo suficientes y se dispusiese de la fuerza necesaria se tomaría posesión de todo eso. Se romperían papeles y planos, se destruirían las puertas de sus castillos. A esos pretendidos agricultores se les diría que trabajasen si querían comer.
¿Y qué ocurría con ese otro señor, nacido pobre, pero que había tenido la suerte de enriquecerse, que había sabido por especulaciones y economías, por el azar o por la protección de sus señores adquirir enormes propiedades, y que hacía trabajar por manos esclavas? Pues bien, esa segunda propiedad tampoco se respetaría.
Se tomaría la posesión de la tierra, pero solamente la de esos que la detentaban sin trabajarla para ponerla a disposición de los que la trabajaban, y a quienes estaba prohibido gozar de la misma. Pero no se pondría a su disposición para que pudieran explotar a otros desgraciados. La porción de tierra que se repartiese sería la que el individuo, el grupo, la comunidad o familia tuviesen naturalmente derecho, la que se pudiera abarcar con el trabajo individual o colectivo.
Lo que ese campesino cultivase sería para él, pero lo que no cultivaba pertenecería a su compañero.
Todo un canto anarquista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.