Kulturkampf
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
La Kulturkampf vendría a significar en castellano, la lucha o el combate cultural. Es un término acuñado por el científico y antropólogo Rudolf Virchow, y que luego hizo fortuna entre la historiografía. Ha sido empleado para designar el conflicto desarrollado entre las instituciones prusianas e imperiales alemanas contra la Iglesia Católica y el catolicismo político.
El conflicto surgiría en relación con las dudas que el canciller Bismarck tenía acerca de la lealtad de los católicos al recién fundado Imperio alemán, después de coronar el proceso de unificación. Es cierto que la Kulturkampf tenía una dimensión de secularización de la vida política y social alemana, pero no debemos olvidar que, en realidad, se encaminaba exclusivamente contra la Iglesia Católica. Esta mezcla de apreciaciones explica que los liberales de izquierda apoyaran las medidas. Por otro lado, la Kulturkampf también tendría una lectura, digamos, polaca. Bismarck llegó a justificar algunas de las medidas que se tomaron aludiendo a la supuesta necesaria germanización de la minoría polaca en el interior del Imperio, dado que era católica. Este programa se retomaría a partir de 1886, pero ya no con una dimensión religiosa anticatólica, sino más de signo pangermanista.
Las primeras disposiciones comenzaron en 1871. La Ley de 11 de marzo de ese año sobre inspección escolar establecía el control del Estado sobre las escuelas, lo que suponía la falta de libertad de las escuelas católicas. El 10 de diciembre de 1871 en lo que se ha llamado el “Párrafo del púlpito”, se establecieron penas para aquellos eclesiásticos que criticaran al Estado. El 4 de julio de 1872 los jesuitas fueron expulsados del Imperio. las Leyes de Mayo de 1873 sobre control de la formación y nombramiento del clero, prohibieron en Prusia que la Iglesia tuviera competencias disciplinarias más allá de lo estrictamente religioso, además de prohibir a los curas no alemanes y a los alemanes educados en el extranjero el ejercicio de su ministerio. La Ley de expatriación de 1874 otorgaba al gobierno prusiano el poder de expulsar a los miembros de la Iglesia. El matrimonio civil pasó a ser obligatorio en Prusia en 1874, y al año siguiente en toda Alemania. En 1875 se disolvieron distintas órdenes religiosas y se retiró la financiación a la Iglesia. Muchos obispos y curas fueron encarcelados o expulsados de Alemania en este período. Las relaciones con Roma, por consiguiente, se rompieron.
En 1878, Bismarck comenzó a aflojar la presión sobre el catolicismo, suprimiendo o dejando en suspenso algunas disposiciones legislativas. La presión política de los católicos se había fortalecido como reacción y el Zentrum católico se convirtió en una fuerza política muy potente, especialmente en el sur de Alemania donde el catolicismo estaba más extendido o era mayoritario. Bismarck evaluó la situación porque en ese momento comenzó a temer más a la pujante socialdemocracia con su incontestable poder parlamentario, por lo que los católicos podían ser aliados en su lucha contra el socialismo. Otro factor influyó en el cambio de sentido de la política anticatólica del canciller de hierro. En ese mismo año, Pío IX, conocido por su intensa intransigencia, falleció y fue elegido como papa León XIII, mucho más hábil políticamente. Así pues, comenzó la reconciliación. A partir de mediados de la década de los ochenta la legislación anticatólica dejó de estar en vigor.
Hay que señalar que en paralelo a lo que estaba ocurriendo en Alemania, en la vecina Suiza se dio un proceso, en cierta medida, similar, con una modificación de la Constitución en 1874, expulsión de los jesuitas, limitación de los obispados y conventos, y prohibición de ser elegidos como representantes políticos a los miembros del clero.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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