Las labores domésticas: el papel de la mujer de clase media en la Inglaterra victoriana
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
En la larga época victoriana, con el triunfo de la industrialización, se produjo un fenómeno social y económico importante, que tiene que ver con la separación física entre el trabajo asalariado fuera del hogar y las labores domésticas en el mismo. Aunque es evidente que muchas mujeres trabajaron fuera del ámbito del hogar en fábricas, talleres y otras ocupaciones, el ámbito de las labores domésticas fue encargado a ellas. Fue la clase media británica la que definió claramente esta diferencia porque, además, la mujer de este ámbito no trabajaba fuera de casa como la mujer de condición obrera porque la prosperidad de esta clase media hacía que los hombres pudieran mantener a sus familias con su trabajo.
La vida doméstica, por lo tanto, comenzó a ser considerada un modelo de vida, siendo idealizada. En ese contexto comenzó a surgir una literatura para aconsejar a las mujeres de clase media cómo llevar un hogar. Hay estaría el libro de Sarah Stickney Ellis, Mujeres de Inglaterra (1838). Sticney Ellis escribió mucho sobre el papel de la mujer en la sociedad, considerando que las mujeres tenían un deber religioso como hijas, esposas y madres para influir en la mejora de la sociedad. Por su parte, Elizabeth Beeton publicó en 1861, El libro del cuidado del hogar (Beeton’s Book of Household Management), siendo un conjunto de recetas, consejos, curiosidades y detalles acerca del cuidado de la casa, de los hijos y los informes. Era todo un manual de más de mil páginas con unas novecientas recetas ilustradas. El tercer libro clásico en este conjunto sería el de Catherine Beecher, Tratado de economía doméstica (1841). Beecher era norteamericana, porque también en los Estados Unidos cundió esta nueva filosofía sobre la mujer. Beecher fue una educadora conservadora que se dedicó a glorificar el papel de la mujer en el hogar y la familia. Su obra fue muy popular.
Estas concepciones sobre la virtud de lo doméstico, y su vinculación exclusiva a la mujer por considerar que era propio de su naturaleza fijó la idea de que la misma no debía trabajar fuera de casa, ser independiente económicamente y, por consiguiente, no debía tener derechos políticos.
La clase media británica y anglosajona, en general, glorificó su propio modelo como una crítica solapada al comportamiento social de las élites aristocráticas, porque según esta visión se comportaban sin principios morales, y donde la mujer jugaba un supuesto papel frívolo, despreocupado y escasamente útil, ya que la mujer de clase media se estaba formando con esos libros citados y con la experiencia en saber dirigir un hogar y atender a los niños desde el nacimiento.
La clase trabajadora tenía, por su parte, graves preocupaciones para la supervivencia como para interesarse sobre estas cuestiones de las virtudes domésticas, pero es cierto que un sector, el que estaría en los niveles más altos de la misma y con mayores posibilidades económicas, aspiraba a imitar los modos de vida de la clase media.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.