La emancipación de los católicos en Gran Bretaña. Segunda Parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
En la primera parte, publicada hace algunos días, estudiamos el origen y desarrollo de la discriminación que padecían los católicos en la Inglaterra anglicana desde el siglo XVI. En esta segunda y última parte, abordaremos el proceso de emancipación en sí.
La primera medida de tolerancia tiene que ver con la denominada Acta de Alivio Católico, que se aprobó en 1778, que permitió a los católicos tener propiedades y heredar tierras en Gran Bretaña, además de poder alistarse en el ejército. Pero eso también trajo problemas, los conocidos como Disturbios de Gordon en 1780, una protesta anticatólica, en plena guerra con las Trece Colonias.
En 1791 se ampliaron las medidas de tolerancia. El Parlamento irlandés también caminó en el mismo sentido entre 1778 y 1793.
William Pitt intentó acabar con la discriminación aprovechando la unión con Irlanda en 1800, pero el rey Jorge III se negó a ello porque consideraba que sería incumplir el juramento que había realizado cuando fue coronado por el compromiso de defensa de la religión anglicana. Además, la emancipación podría no haber traído problemas en Gran Bretaña, dado que los católicos eran una pequeña minoría, pero en Irlanda podría haber fomentado la oposición de los protestantes y generar un conflicto, por lo que no se dio el paso. En todo caso, esta cuestión provocó que comenzara a generarse un evidente debate en la opinión pública y en el Parlamento. Así pues, en 1821 y en 1825, la Cámara de los Comunes aprobó dos leyes a favor de la emancipación que fueron rechazadas por la Cámara de los Lores.
En 1823, una figura fundamental en este proceso, el irlandés Daniel O’Connell, partidario pacífico de la libertad irlandesa, activó la cuestión, y contra el Acta de Unión. La emancipación católica pasó a ser su gran objetivo, creando la Asociación Católica. En 1828 fue elegido por un condado irlandés para los Comunes, a pesar de que no podía ocupar ese escaño. Lo repitió en 1829, generando gran polémica, por lo que el duque de Wellington y Robert Peel se decidieron por llevar a cabo una reforma legal fundamental, el Acta de Ayuda Católica de 1829, ante el riesgo de un estallido de la violencia en Irlanda, constituyendo un paso fundamental en la emancipación, y que luego se acompañaría con otras reformas legales de menor rango. El Acta permitió que los católicos pudieran entrar en el Parlamento.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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