Arturo Labriola ante la República española
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
El destacado socialista italiano Arturo Labriola (1873-1959) opinó sobre la República española al poco de ser proclamada en un artículo que tituló, “El fascismo y la República española”. Labriola comenzó su militancia socialista en el ala más radical, siendo un representante del sindicalismo revolucionario, aunque fue evolucionando hacia una mayor moderación. Fue diputado, y en 1918 sería elegido alcalde de Nápoles, y después ministro con Giolitti en 1920. Anteriormente, se había declarado como partidario de la entrada de su país en la Gran Guerra. Se exilió en Francia cuando triunfó el fascismo, aunque regresó en 1935 cuando la invasión de Abisinia, un hecho que defendió, lo que le acercó al fascismo, en una especie de ala izquierda, desde la revista La Veritá de Nicola Bombacci. Posteriormente, sería diputado y senador en la nueva República italiana.
Pues bien, antes de su acercamiento al fascismo y desde su exilio escribió el artículo mencionado, que El Socialista publicó el día 24 de abril de 1931.
Para el italiano la proclamación de la República española era un hecho sobresaliente porque se asociaba a la paralización del fascismo en Europa. El continente entraba en la vía democrática y socialista. La caída de la Monarquía española, calificada de militarista y clerical, era un símbolo de que la civilización reanudaba su camino. Era la puerta a una nueva etapa de la historia europea frente a la Iglesia y las “antiguas clases”.
Labriola veía en la caída de la Monarquía española la ruina del único apoyo europeo al fascismo italiano porque se iba a poner fin a un tratado, convenido en tiempos de Primo de Rivera, entre España e Italia, que vendría a ser un apoyo de la primera a la segunda. En ese sentido, recordaba que Indalecio Prieto, aunque no era ministro de asuntos exteriores, había respondido a la prensa que ese tratado, mantenido en secreto, tenía que ser denunciado. Así, interpretaba el político italiano que Francia comenzaría a no tener tantos miramientos con Italia, cuando dicho tratado se denunciara, algo que terminaría haciendo el resto de gobiernos democráticos.
Después, Labriola opinaba sobre la cuestión de los empréstitos extranjeros consentidos a la Monarquía española, y que la República tenía que tratar. En ese sentido, Prieto, a la sazón el ministro económico del Gobierno español, había declarado que el nuevo régimen mantendría sus compromisos, pero recordando que los empréstitos solían tener el efecto de someter a tutela a un país, y la República española no iba a aceptar tutela alguna. En este sentido, Labriola opinaba de la misma forma poniendo el ejemplo de lo ocurrido en Rusia, entre la zarista y la revolucionaria. La idea de que un pueblo pudiera sentirse atado por compromisos para poder aplastarlo era totalmente digna de una plutocracia, afirmaba Labriola. Toda esta cuestión económica era interpretada, además, dentro de su visión sobre la necesidad de buscar la paz porque la misma no solamente se conseguía combatiendo la carrera de armamentos o las políticas de expansión territorial y revisionistas de los tratados firmados, sino también a los gobiernos que combatían a sus propios pueblos.
En realidad, Labriola estaba intentando en su artículo no sólo defender la paz en Europa sino que las potencias democráticas no fueran cómplices del fascismo, especialmente el de su país, una cuestión que llama poderosamente la atención, habida cuenta de su posterior acercamiento al mismo, precisamente cuando Mussolini puso en peligro la paz con el asunto de Abisinia, que Labriola apoyó.
En línea con su tesis de la complicidad o tolerancia de los Estados democráticos con el fascismo y el autoritarismo, Labriola se quejaba de que la Monarquía española, a la que calificó de despreciable, había recibido un trato muy condescendiente por parte de esos Estados, y eso había influido en la evolución política española, que podría haber sido más normal porque veía incógnitas que el episodio comunista de Sevilla generaba en ese momento inicial de la República.
En todo caso, Labriola consideraba que la República española, “orientada hacia los grandes experimentos del movimiento obrero”, ofrecía a Europa la colaboración de un país que había perdido ya hacía mucho tiempo la iniciativa histórica. Al recuperarla, España se convertía en servidora de la causa de la libertad.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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