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El socialista puede ser cristiano, budista, mahometano, o ateo (1930)


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En esta pieza regresamos al estudio de las concepciones sobre religión e Iglesia Católica por parte del socialismo español. En este caso nos fijamos en una columna con el significativo título de “Socialismo y Religión”.

La columna insistía en el hecho de que el socialismo no tenía nada que decir del ámbito privado de las creencias, de las conciencias individuales, porque eso caía fuera de los objetivos y planteamientos del mismo. Y eso tenía que ver con las opiniones científicas, artísticas y religiosas.

Por eso, un socialista podía profesar cualquier religión o ser ateo. A estas cuestiones de la conciencia no debía llegar el Estado, ni ser incumbencia de ningún régimen político. La libertad de pensar, de creer o no creer habría de ser intangible.

Pero las religiones se habían arrimado a la “situación preponderante”, constituyendo con la autoridad y el capitalismo una “realidad trina”. Como la esencia del socialismo era luchar por la abolición de la propiedad privada, los socialistas estaban obligados a atacar al capitalismo, y de rechazo, a sus aliados. Como vemos una vez más, el socialismo defendía el ataque a la Iglesia por su alianza con el poder dedicado a perpetuar el capitalismo. Por eso, si el cristianismo o el catolicismo se mantuvieran como en sus inicios nada tendría que decir el socialismo.

El artículo seguía buscando similitudes entre el cristianismo y el socialismo, citando a Splenger. Así pues, los cristianos de las catacumbas practicaban la comunidad de bienes, un criterio seguido por los padres de la Iglesia. Contra aquel catolicismo, calificado de generoso, además de perseguido y auténtico ningún marxista hubiera lanzado sus dardos. Pero después los perseguidos se convirtieron en los perseguidores. Así, el clero, la nobleza y la autoridad se unieron para oprimir a los humildes. Y cuando el sistema productivo cambió a la “fase burguesa” a la misma se habría sumido el clero, dedicándose a la tarea, valiéndose de la ignorancia de la gente, a prevenir a la misma de los anhelos de emancipación y para generar una especie de “narcótico adormecedor” (¿se acuerdan de la expresión “opio del pueblo”), que prometería una remuneración “más allá de las nubes”.

Así pues, los socialistas respetaban a los cristianos que mantenían el “bagaje espiritual de Cristo”, pero apenas existían porque solamente quedaba el “cristianismo oficial”, ya fuera católico, ya cismático, ya protestante.

En conclusión, el socialismo no atacaba a la “religión por religiosa”, sino por burguesa o adversaria de los pobres de espíritu, pero también de dinero.

Hemos trabajado con el número 6719 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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