La defensa de las lenguas clásicas en la enseñanza: reflexionando en 1929 para hoy
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Buceando en la Historia encontramos que hace casi cien años ya se discutía sobre la importancia o no de la enseñanza de las lenguas clásicas en el Bachillerato. Así es, Juan Tersites firmaba un artículo en la primera página de El Socialista del 8 de mayo de 1929 sobre la importancia de la “enseñanza clásica”.
Para el autor, en España pocas personas se ocupaban de esta cuestión. Cuando se decía que en Francia había un bachillerato con latín en todos sus cursos la gente se reía, y mucho más cuando se informaba de que en Alemania eran nueve los años de latín. Y algo parecido ocurría en Italia y en el Reino Unido. Pero en España no se entendía esta extensión de la enseñanza de las lenguas clásicas porque se afirmaba que lo escrito por los antiguos ya estaba traducido a muchos idiomas modernos. Entonces, ¿para qué enseñar esas lenguas clásicas?
Esa forma de razonar se basaría en un estrecho utilitarismo (“moderno practicismo”), propio de los españoles tan dados al provecho inmediato y la posible e inmediata aplicación de las cosas aprendidas a la realidad material de la vida, por lo que se olvidaba la “formación espiritual”, obviando que el niño en el futuro debía formar parte de una colectividad, ya fuera de la nación, ya de la humanidad, y que la cultura y el refinamiento humanizaban al hombre, le ayudaba a respetar los derechos de sus semejantes y a saber reaccionar cuando eran atropellados los suyos.
La formación del alumno, el mejor desarrollo de sus facultades intelectuales y “sentimentales” se encontraba en la enseñanza clásica.
Habría que acabar con el tópico de que las lenguas muertas no servían para nada, y que, en consecuencia, no debían enseñarse.
Si los alumnos en el bachillerato debían formarse, afinar su inteligencia y su sensibilidad, educando sus facultades, se les debía dar, tanto para Ciencias como para Letras, enseñanzas que tendiesen a esos fines. Por eso, en los países que iban a la cabeza de la civilización se otorgaba mucha importancia al clasicismo porque demostraba que llenaba esos fines pedagógicos, es decir, el autor defendía un principio de utilidad, pero no de un vulgar utilitarismo.
Clasicismo equivalía a refinamiento, sensibilización, en fin, comprensión. Y se podría conseguir lo que tanto defendía Fernando de los Ríos, la “humanización”.
Así pues, un alegato por la enseñanza del latín y el griego desde 1929, que no podría ser de mayor actualidad, y que nosotros compartimos plenamente.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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