A Fausto Canales
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Fausto Canales perdió su padre cuando era un niño muy pequeño a manos de un grupo de pistoleros falangistas. Era Valerio Canales, un joven jornalero de la UGT. Desde entonces ni Fausto ni su familia supieron más de él, hasta que, a principios del siglo XXI, ya jubilado, consiguió localizar la fosa en la que su padre fue enterrado con otros cinco hombres y una mujer. Pero en la fosa no estaban los restos de su padre ni los de sus compañeros de infortunio. El régimen franquista había sacado los cuerpos y, en vez de devolvérselos a sus familiares, los secuestró y se los llevó al Valle de los Caídos, dejando tirados algunos restos, todo un delito gravísimo en cualquier Estado de Derecho del mundo civilizado. Fausto llevaba desde 2003 intentando que le devolvieron los restos de su padre. Llegó a ir hasta Estrasburgo. Ahora ya están localizados en el Valle de los Caídos. No es un momento de alegría, seguramente, es un momento de intensa emoción, sobre todo porque muchos de sus familiares no han podido vivir este momento, como su hermano, fallecido no hace mucho.
Fausto no pedía nada extraño, nada subversivo, nada ilógico, sino algo tan sencillo en cualquier país, insisto, civilizado, y que no era más que poder tener los restos de su padre para enterrarlos de forma digna y como estimase.
La historia de Fausto es la historia de muchos españoles y españolas de avanzada edad que solamente quieren saber y quieren tener a sus familiares en cementerios donde poder visitarles y honrarles.
Fausto es un hombre sencillo, sincero, calmado, no grita, no insulta, no es vengativo, siempre tiene una sonrisa, algo tan poco habitual en este tiempo de renacidos odios, pero ha sido y es firme en su empeño, al que ha dedicado todo su tiempo desde que se jubiló.
Los que hemos tenido la oportunidad de conocerle, aunque sea poco, y hemos seguido su batallar firme, sin pausa, sin alharacas, sin odio, hemos aprendido mucho de nuestra historia, de cómo hay que hacer las cosas y de cómo estar en este mundo cuando te asiste la razón, aunque no se haya reconocido durante tanto tiempo.
Desde aquí no quiero dar la enhorabuena a Fausto, no se puede dar cuando estamos hablando de un ser querido asesinado, aunque fuera hace ya tanto tiempo. Lo que quiero es darle las gracias por su ejemplo, y por su grandeza, por la nobleza de su empeño, que no solamente ha sido por su padre, sino también inspirador para tantos y tantas que quieren cerrar aquello de una vez para vivir y para morir también con tranquilidad. Muchos no han podido hacerlo, por eso es nuestro deber seguir en este empeño.
Un abrazo desde la distancia, Fausto, un abrazo inmenso.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.