El control del periodismo en España hasta 1966
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Hasta la famosa Ley de Prensa de Fraga Iribarne del año 1966, y que es la más conocida de la época de Franco, hubo otra ley de prensa. Esta disposición nació el 23 de abril de 1938 y fue la que más tiempo duró. El control del periodismo que establecía esta ley era férreo. El autor de esta ley fue José Antonio Giménez Arnau bajo la tutela y las órdenes de Serrano Suñer.
El principal objetivo de dicha ley era reconvertir el rico periodismo español de los años treinta en un mecanismo de propaganda política a favor de la causa franquista en la guerra, para luego, cuando terminó la contienda, seguir en dicha tarea y censurar y controlar todas las publicaciones periódicas. Era tal la dureza de esta ley, de naturaleza fascista, que los sectores católicos del régimen llegaron a criticarla. No olvidemos que la Iglesia y el catolicismo tenían varios e importantes periódicos, pero Serrano Suñer pretendía el control absoluto y llegó a amenazar a la conocida como prensa católica.
La ley criticaba la libertad de prensa como se entiende en un sistema democrático. La prensa tendría como misión trasmitir los deseos de la nación y comunicar a ésta lo que establecía el estado, es decir, la prensa, realmente, tenía una misión de servicio del nuevo estado. Por eso, el estado tenía que controlar y vigilar a los periódicos y no solo a los de su propiedad, sino a todos los que estaban autorizados a existir. El estado establecía el número y extensión de las publicaciones, intervenía en la designación de los directores y principales puestos, reglamentaría la profesión periodística, vigilaría la actividad de la prensa y ejercería la censura.
Se establecía un exhaustivo catálogo de sanciones y multas. El Estado podía incautarse de un periódico, destituir a un director y expulsar a un periodista del Registro Oficial de Periodistas, lo que inhabilitaba para ejercer la profesión. Pero, además, la cuestión de las sanciones era inquietante porque podían ser sancionadas un sinfín de actuaciones y ejercicios profesionales, y era imposible recurrir ante una sanción o multa. Estamos, pues, ante un nuevo ejemplo de la arbitrariedad del régimen. Se trata de la muerte del verdadero periodismo para convertirse en la correa de transmisión del Estado franquista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.