Pablo Castellano sobre la Constitución de 1978
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Pablo Castellano, a la sazón diputado por Cáceres en las Cortes Constituyentes, ofreció su opinión sobre la Constitución que se terminaría de aprobar en diciembre de 1978, en un artículo publicado a primeros de septiembre de ese año en El Socialista (día 3), donde aparece una visión que podríamos considerar ambivalente, y en algún caso, sumamente sugerente, como nos parece ver en sus afirmaciones sobre distintas cuestiones (derechos, igualdad, poder de distintas instituciones, actitud de la derecha…), y que dejamos al lector para su propia interpretación.
Castellano expresaba que el PSOE iba a apoyar con su voto la aprobación de la Constitución, calificando dicha actitud como responsable porque suponía un notorio avance con respecto a la Dictadura, que no había contado con un ordenamiento jurídico merecedor de tal denominación.
Pero dicho apoyo no podía oscurecer una valoración que consideraba no podía ser entusiasmante. La Constitución en su conjunto, valorando la innovadora actitud autonómica, y la división de poderes que reinstauraba el juego parlamentario y el pluralismo político, presentaba objeciones, y no solamente desde una postura socialista, sino también simplemente democrática.
No consideraba que hubiera progresos en el capítulo de libertades y derechos, porque se limitaba a una especie de catálogo estereotipado de los mismos, cerrando el paso a toda interpretación expansiva y progresista, cerrando la derecha con ese escudo cualquier posible reforma de la izquierda.
Observaba, en este sentido, que existía una discriminación o contradicción con el principio de igualdad del ciudadano cuando se contemplaban ciertos estamentos, como los funcionarios, el ejército y la magistratura, con el fin de conservar un control político e ideológico sobre estos pilares del Estado, como lo sería también el privilegio concedido a los empresarios o a la Iglesia Católica, incompatible con la idea de la neutralidad del Estado.
La señalización de las garantías se quedaba en un ejercicio retórico, pero no así el papel de la Corona, del ejército, los jueces y las instituciones que, en realidad, no eran igualmente valoradas por todos, como eran el matrimonio, la filiación legítima, la familia, la paternidad y la que consideraba no disimulada preponderancia o paternalismo sobre la feminidad, junto con la ignorancia de la sexualidad como tal y como elemental derecho.
Para Castellano la Constitución permitía la protección del franquismo, y si la izquierda llegara al poder en algún momento el gobierno y la administración de los bienes de la burguesía, pero no la facultad o poder para desmontar los valores y los instrumentos de los que ésta se servía.
En todo caso, consideraba que la clase trabajadora con la Constitución avanzar en su “proceso concienciador, organizativo, unitario”, y para luchar contra los privilegios que consagraba a los “conversos del fascismo”.
Había, por lo tanto, y en vista de que no había alternativa en ese momento, apoyar su aprobación y que entrara en juego, pero preocupado por la perspectiva de que si la izquierda alcanzaba el poder a la derecha no le iba a importar mucho conculcar la Constitución, como ya habían hecho en su momento Alfonso XIII y Franco.
Estaríamos, por lo tanto, ante un ejercicio de crítica constructiva, a nuestro juicio, y muy alejado del fetichismo constitucionalista que venimos padeciendo casi desde aquella época.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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