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Política y magia


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El ejercicio de la buena política tiene mucho de magia, y la relación entre ambas ha sido un fenómeno recurrente a lo largo de la historia de la humanidad para hacernos creer que quien decidía sobre las personas y las haciendas estaba dotado de poderes excepcionales. Hoy en día cuando ya estamos en 2024 y ha pasado casi un cuarto del siglo XXI, en un mundo digitalizado y globalizado, asistimos con frecuencia al montaje de espectáculos en los que el personaje suele sustituir a la persona, las ideas, los problemas de la gente y el proyecto de sociedad que queremos construir.

Sé que no se lleva y puede ser una gran desventaja el mostrarse como un idealista y un soñador, y los doctores del escepticismo que controlan el mercado esbozan su sonrisa, cuando alguien se le ocurre hablar de los programas para transformar la sociedad o argumenta sobre sus creencias políticas para mejorar el mundo.

Los espejismos mediáticos , montados desde los distintos ámbitos del poder, sirven en ocasiones para tapar la verdadera realidad social, al son de una propaganda espectacular y sensacionalista o de construir grades mentiras, y desviar la atención de la ciudadanía de sus verdaderas necesidades y problemas.

La política es casi siempre como un sobresalto en la que por mucho que se intente tener todo previsto, salta la liebre donde menos se espera y cuando todo nos parece más tranquilo, es que algo están tramando propios o extraños, aliados o adversarios, y terminas por darte cuenta que por mucho que creas que sabes, eres un aprendiz permanente.

En este caminar entre rosas y espinas, no resulta extraño que haya quienes intenten en los momento más inesperados, sacarse conejos de las chisteras o palomas y pañuelos de la manga, aunque no paren de viajar entre coronaciones, conquistas, competiciones y corrupciones.

Entre hastiados y asqueados, humillados y ofendidos, son magos de lo tópico y lo típico, y hace mucho que olvidaron luchar por la utopía. No les importa utilizar el lenguaje que mejor les conviene, lo que hace pensar y decir a muchos ciudadanos aquella injusta afirmación de “todos son iguales”.

Dicen frases preciosas que reflejan profundos pensamientos, pero no creen lo que ellas significan, y son especialistas en crear la confusión entre lo que vemos y la manipulación tendenciosa, porque están casi siempre apuntados a la banda de los mismos perros con distintos collares.

Estos charlatanes de pacotilla son enemigos de los buenos políticos y empeñan todo su esfuerzo y dedicación a las politiquerías y a las marrullerías para el ejercicio del “quítate tú, que me pongo yo”, “Si estoy yo, estamos todos” o “no hay más cera que la que arde” y “eso es lo que hay”.

Afortunadamente la inmensa mayoría de nuestras mujeres y hombres de la política, prefieren el trabajo serio y riguroso del servicio público, y saben que lograr los objetivos no valen trucos, trampas ni juegos de mano, sino mucho esfuerzo, nobleza de sentimientos, constante autocrítica sobre la propia actuación, altura de miras, rigor en los planteamientos, la inteligencia necesaria para saber tomar la decisión oportuna en el momento adecuado y la convicción que más vale atraer apoyos que oposiciones inútiles.

Quizás estos individuos , en su afán de mercenarios y comparsas de quienes les ponen y les pagan, olvidan con frecuencia que sus palabras son constantemente analizadas, sus iniciativas si es que las tienen van a ser comentadas y contrastadas y sus propuestas discutidas. Tenemos obligación de trabajar por dignificar la política y para ello hemos de ser exigentes con aquellos a quienes elegimos y aspiran a representarnos en las distintas instituciones.