La exclusión social
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Un macroestudio de Cáritas sostiene que los nacidos entre 1996 y 2007 “son los grandes perdedores del modelo socioeconómico actual. De tal manera que sus salarios son hasta un 30% más bajos. Todo esto hace que la exclusión social se duplique y atrape a 2,5 millones de jóvenes.
Los tiempos que nos ha tocado vivir no son precisamente los mejores para el ejercicio ético, no son los óptimos para la práctica de la moral, ni so los más idóneos para la solidaridad. Dentro del escepticismo dominante, del egoísmo, de la competitividad sin contemplaciones y a cualquier precio, muchos seres humanos intentan buscar y encontrar la verdad por distintos caminos, en las más diversas filosofías, credos y religiones.
Una de las razones de la crisis de valores en nuestra sociedad es el vertiginoso desprestigio en que han caído las instituciones, que tradicionalmente eran las que se revestían de los ropajes de amor y solidaridad, para ocultar en ocasiones la soberbia, el rechazo y el desprecio por quienes defender.
La realidad es siempre la prueba del algodón que algunos no superan. Y así aunque algunos pretenden seducirnos, cautivarnos e incluso engañarnos con las formas, el contenido y sus hechos les delatan. No se puede ser de la Iglesia de los pobres, de los desamparados, de los desfavorecidos e invertir millones de euros en fondos financieros e intentar justificarlos con argumentos que además de ofensivos, resultan de un cinismo magistral.
Entonces nos tendremos que preguntar que algo está fallando, o el mensaje es falso o se trata de una multinacional con más de dos mil años de historia y sucursales en todo el mundo, cuyo único objetivo es el poder, el religioso, el social, el político y el económico. Como diría la letra del tango “qué falta de respeto, que atropello a la razón”.
La ausencia de adversarios, el no tener enemigos, o al menos que no sepamos quienes son y dónde están, nos genera inquietud, porque aunque aparentemente sean menos poderosos, nos acaban haciendo un enorme perjuicio. No sabemos, ni donde, ni cuando, ni como va atacarnos un enemigo al que no vemos y que de antemano nos lleva una gran ventaja, está dispuesto a morir matando.
Los redentores que discursean sin contenido, hablan compulsivamente y predican sobre las grandes ventajas de una sociedad “limpia y sin defectos”, son en ocasiones los primeros en deslegitimar lo público, porque entre lo que dicen y lo que hacen, cualquier parecido es pura coincidencia.
El pelota político es un profesional de la adulación, una falsificación de ser humano dispuesto a lo que sea, con tal, no ya de vivir en la política o de la política, sino de los políticos. Es una especie que anida y se reproduce con facilidad en la selva de la mediocridad, medio en el que se manifiestan con toda su miseria, sus peores cualidades, aprovechando la bajeza de su condición y la de los amos a los que sirve.
Nos perdemos en que decir y en no hacer, sin saber que pensar ni ser capaz de resolver. Como diría Aristóteles, política hacemos todos, construyendo y comprometiéndonos, mientras que la politiquería conspiratoria es un vicio de los mediocres.
Nuestros “doctores en el falso halago” utilizan con frecuencia la difamación y la calumnia como medio de complacer a su amo frente a los enemigos de éste, sembrando la discordia y el rencor, como antesala del odio y la incomunicación, escenario donde este reptil con forma humana se desenvuelve y se encuentra a gusto.