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Podemos hacerlo posible


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Salvo volver de la otra vida, podemos hacer las cosas posibles por muy difícil que nos parezcan, pongámosle ganas e ilusión, y nos convenceremos que en la mayoría de las ocasiones la solución está en nuestras manos, aunque tengamos que escudriñar por caminos enigmáticos y misterioso, entre ruidos y silencios, lo que no debemos es conformarnos y resignarnos.

Muchos personajes turbios y oscuros nos saldrán al paso, intentando ponernos todo tipo de obstáculos para que no podamos conseguir nuestros objetivos, pero hemos de ser persistentes, resistentes y resilentes  y descubriremos que somos nuestros mejores amigos.

Durante nuestras vidas tenemos todo tipos de experiencias, positivas y negativas, del horror a la satisfacción, de la tristeza a la alegría, de tener claro cual es nuestro sitio a no saber donde colocarnos, de la quietud a la acción, de percepciones superficiales a sensaciones profundas.

Nuestros recuerdos nos llevan cuando éramos niños y niñas y fabricábamos mundos fantásticos de ensueño, que vistos desde la perspectiva del presente nos parecería imposible, pero los vivíamos con todo el protagonismo de quien no tenía problemas que se les resistiera y hacia realidad lo que era complicado y lejano.

Nuestras mentes eran capaces de verlo todo con claridad, éramos héroes de la realidad, y nos íbamos dando cuenta lo que seríamos de conseguir con el trabajo y el reconocimiento de los demás lograr nuestros objetivos y disfrutar.

Nuestro mundo necesita que estemos bien informados, si queremos desarrollar nuestras tareas con eficacia y eficiencia, y no estar perdido entre la incertidumbre y la confusión. Tener buena información no es algo que nos llegue milagrosamente ni por casualidad, sino que para conocer y entender los ámbitos de la realidad hemos de esforzarnos.

Si nos dejamos llevar y desconectamos de la realidad, como si lo que ocurre entorno nuestro no fuera con nosotros, terminamos encerrándonos en la vida personal  y caemos en la trampa populista tan en boga en todo el mundo, que todo puede explicarse de forma reduccionista, simplista y distorsionada.

Con demasiada frecuencia, si incurrimos en esas practicas, somos rehenes de la desinformación, incluso lo grave es que en ocasiones, ni siquiera nos damos cuenta de ello, y somos fácilmente manipulables a través de nuestros impulsos, emociones, percepciones o prejuicios personales de los que no somos conscientes.

Cuando hablamos de ella parece que lo hacemos es algo novedoso, pero es tan vieja como la sociedad , es más podríamos decir sin temor a equivocarnos  y lo vemos y comprobamos todos los días en las diferentes instituciones que es la peor de las mentiras.

Mientras que cuando mentimos estamos ocultando o negando la verdad, cuando estamos desinformados, es quizás peor, ya que hay mandamases que intentan generar realidades ficticias o embusteras para incidir intencionalmente en las decisiones o percepciones de otros .¿ Cuál sería su propósito final?, pues capturar o secuestrar la discusión pública abierta y convertirla en un recurso de poder.

En los momentos que nos ha tocado vivir se ha acuñado una palabra que puede entenderse de varios modos y genera un rico debate, que es la posverdad, que nos dibuja una situación en la que los hechos objetivos influyen menos que los argumentos que apelan a las emociones o las creencias cuando se trata de definir la opinión pública. Sin embargo, también hay quien considera que la posverdad no es más que una verdad a medias, o incluso una mentira que se utiliza para manipular la opinión de la gente.

Uno de los métodos que más utilizan algunos irresponsables públicos es la mentira, fabricando acciones, relatos o conspiraciones inexistentes, abrumando, desbordando y generando confusiones sobre hechos, datos o situaciones; estimulando la desconfianza entre la gente y hacia instituciones; hostigando, acallando o deslegitimando a quienes se identifican como adversarios para convertirlos en enemigos.

Pero tal vez uno de los efectos más graves es que la desinformación, entre confusiones, enfrentamientos y manipulaciones provocan un fuerte efecto antidemocrático, mientras que la buena información es necesaria para fortalecer la convivencia, conocer, debatir, valorar y decidir a la vez que explicar, relatar, conocer y convencer sobre nuestras decisiones.

Hay muchas formas de combatir la desinformación, pero si tuviéramos que destacar las más significativas, haríamos hincapié en reforzar los anclajes democráticos y la cohesión social, fortalecer la legitimidad y la transparencia institucionales, mejorar la educación en general, impulsar la alfabetización mediática y las organizaciones y el quehacer periodístico, activar sitios para la verificación informativa, exigir transparencia a las plataformas digitales y el uso de sus algoritmos. Cuando las autoridades públicas, como algunos déspotas de tres al cuarto, la sociedad civil estamos en el deber de impulsarnos y de rebelarnos si fuera necesario.

Y por favor no nos olvidemos que la desinformación obedece, esencialmente, a una serie de factores estructurales que pueden escapar a nuestro control individual. Sin embargo, es mucho lo que podemos y debemos hacer para frenarla, si coincidimos en que deteriora la calidad de la democracia y la convivencia humana.