Sin miedo a decidir
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Todos nosotros en nuestro camino por este mundo, tenemos mil y una oportunidades de decidir sobre nuestro destino, y nos encontramos con el dilema que hacer o no, en los momentos más rutinarios e increíbles, como seguir la corriente del río de la costumbre, de ese día a día que nos estimula o nos asfixia o descubrir que existen otras opciones y oportunidades para realizar cosas y maravillosas, para cambiar nuestra realidad.
Podemos aprovecharlas o no, tener miedo y bloquearnos o decidir cambiar. Lo fácil y cómodo es no perturbar, no pretender cambiar, ni molestar a nadie, pero eso desgraciadamente, no es vivir sino vegetar. Decidir encierra un riesgo, pero no nos debe provocar miedo.
Tomar decisiones, exige saber cual es nuestro objetivo y que es lo que queremos, y requiere preparación, planificación y trabajo duro. Hay quienes creen ingenuamente, que existe un camino fácil para decidir en asuntos importantes. Y están aquellos que instalados en su privilegiado observatorio desde el que nada ignoran y ante la posibilidad de sufrir la más mínima crítica, no desean asumir ninguna responsabilidad ni molestarse en modificar la realidad.
La causa primordial del deseo de huir de una decisión es el miedo a cometer errores: En algunos casos puede entenderse este pánico, por la torpeza del protagonista que ha de actuar y porque si no son capaces de controlar su espacio y tiempo presente, difícilmente pedírseles que determinen cual ha de ser nuestro futuro. Con frecuencia las situaciones críticas nos obligan a tomar decisiones que en ocasiones dan en la diana y en otras cambian radicalmente el curso de los acontecimientos de forma absolutamente negativa e incluso catastrófica.
Cualquier acción que emprendamos nos proporciona la oportunidad de redefinir lo que es importante y porque lo es, es una posibilidad para mejorar pero también correr el riesgo de que todo sea peor. Lo que tal vez ninguno pongamos en cuestión, es que la toma de decisiones es una forma de poder, incluso cuando las cosas no salen como esperamos, el actuar y cometer errores nos da la opción de aprender y corregir para próximas ocasiones.
En la actividad política, priorizar objetivos y optar por cual debe llevarse a la práctica en cada momento, es el pan nuestro de cada día, y es tal vez uno de los mejores signos que diferencia a los que se dedican al servicio de la comunidad.
El inteligente y hábil, ejerce su iniciativa desde la creatividad, la confianza y la probabilidad de intentar estar en el sitio debido en el momento preciso y comprueban que la única forma de contrastar la bondad o perjuicio de las ideas es su puesta en práctica. Además la actuación desde la responsabilidad pública, nos abre siempre nuevas posibilidades que no descubriríamos si anteriormente no hubiésemos emprendido acción alguna.
Decidir es cambiar, pero el PP en muchas de las ocasiones que lo hace, demuestra que ha perdido el rumbo, ignora los intereses y las demandas de los ciudadanos y ciudadanas y su postura produce polarización y crispación social. De tal manera que solo cuenta con sus amigos de VOX como potenciales socios, y suele refugiarse en palabras vacías, gestos autoritarios y dilapidan ilusiones perdidas de quienes algún día creyeron en ellos.
Han llegado a tal punto, que ni cuando mienten dicen la verdad. Nunca es tarde para rectificar errores, pero la soberbia y altanería de los populares está llegando al paroxismo del ridículo y les impide que hay más allá de sus narices.