Más realidades y menos retórica
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
En el gran follón en el que estamos instalados, hay representantes de la vida pública a los que les sobra retórica y palabras vacías y les faltan realidades. Vivimos en la sociedad de la información y el conocimiento, en la que llevamos la historia, el saber y la hemeroteca en nuestros bolsillos y en la que todo lo que ocurre podemos contemplarlo en vivo y en directo y en la que cada vez más personalizamos qué y de que forma queremos conocer, que nos interesa y qué no.
Todos los días a todas horas, la realidad más cercana está produciendo una catarata de noticias, textos e imágenes que podrían entrar a formar parte del sumario de cualquier informativo de los distintos medios de comunicación o de cualquiera de los mensajes que nos cruzamos a través de las redes sociales.
Algunos son hechos graves en los que los seres humanos explotan, vigilan, estafan, extorsionan castigan e incluso matan a otros como ellos, gente a las que casi nadie escucha, por mucho que nos cuenten cosas y nos provocan miedos e inquietudes cuando hacen afirmaciones sin ningún atisbo de duda.
Hay asuntos que son objeto de muchas reuniones, pero en las que no logramos comprender, y en las que seres como usted y como yo, como nosotros, se nos dan la oportunidad de expresar nuestra identidad y nos quieren reducir a que formemos parte de la gran legión de los anónimos, y de la pura estadística, cifras, números y guarismos que rellenamos sin hacer ruido, porque el sistema hace ya tiempo que nos situó fuera del círculo de los que consumen, hablan y votan.
La política es también un campo para la ambigüedad, de lo que se conoce y lo que no, de la transparencia y la oscuridad. El papel y el verbo son altamente resistentes y lo soportan casi todo. Hay quienes son cronistas del poder y no permiten que la verdad les estropee ningún reportaje por el que ya han cobrado su soldada se aplican para que las infamias pueden ser conocidas como hazañas, son aquellos que acusan sin fundamento o condenan sin pruebas, o que en el colmo de su bien pagada obediencia, se convierten en cómplices o títeres del jefe de turno desde la sumisión o el silencio.
En los difíciles juegos de equilibrio que quienes nos cuentan cómo son las cosas, han de hacer a diario entre lo deseable y lo posible, no puede ni debe haber neutralidad ante la injusticia, porque lejos de defender la libertad, estamos estimulando las mordazas y las murallas, porque frente a lo heterogéneo y plural estamos sosteniendo lo homogéneo y uniforme, o dando un altar a los privilegios donde debería estar el respeto a los derechos.
A estos que intentan ocultarnos la realidad tal como es y los hechos tal como suceden, que generalizan la mentira desde sus atalayas de corrupción, les delata el lenguaje , ya que este se torna florido , artístico e imperial para relatarnos la excelencia de quien les paga y radical, duro y agresivo para mostrarnos las múltiples deficiencias de los que se oponen e incluso la manipulación puede llevarles a ignorar lo que sucede, si esto favorece a su valedor.
Afortunadamente son inmensa mayoría los que combaten la mentira y el engaño, aquellos que trabajan para que todos conozcamos que está pasando realmente, que están todo el día polemizando en lugar de hacer gestión. Los que soportan amenazas, vetos y persecuciones, los que incluso ponen en peligro su propia seguridad personal y laboral, los que llaman a las, cosas por su nombre, le moleste a quien le moleste, por muy poderoso que sea. Son los que hacen del ejercicio de su profesión un camino de integridad y dignidad.
Tal vez lo importante sea romper las sutiles y perezosas cadenas de la conformidad y superar las barreras de los miedos, porque como decía Bertolt Brecht : “También hará sol en los tiempos oscuros”