Muere Chicho Allende, sucedió el 11 de septiembre de 1973
- Escrito por Andrés Cascio
- Publicado en Tribuna Libre
1973, el año del juicio Watergate, de la guerra del Yom Kipur, pero sobre todo es el año en el que mataron las esperanzas.
12 de septiembre: en Santiago de Chile, el diario La Segunda publica que el cantante Víctor Jara ha fallecido de manera no violenta, y que su sepelio ha sido de carácter privado. En realidad, Jara estaba siendo torturado y sería asesinado cuatro días después.
51 años de aquel 11 de septiembre de 1973, un día desapacible, amanecía nublado y con una débil llovizna. En la calle Tomas Moro de la Comuna de Las Condes, en la residencia oficial del entonces primer presidente socialista democráticamente elegido en Chile, Salvador Allende Gossens, se disponía a trabajar un día más para avanzar en el cometido de conseguir, una sociedad mas igualitaria, libre y democrática en Chile, en América Latina, por el camino pacifico de gobernar para el pueblo.
El cielo se oscureció, los aviones de guerra cortaron el hilo de los volantines, el hilo de la esperanza de un pueblo, un general traicionó su juramento, generales desleales le acompañaron, del cielo llovió fuego sobre el palacio de la Moneda, sede del Gobierno.
Al día siguiente sobre el palacio de gobierno, sobre un techo ennegrecido por el humo, un mástil, y en él, una bandera resistió a las llamas, resistió a las bombas, resistió a la infamia, no flameaba al viento, agachó la cabeza avergonzada.
El presidente chileno estaba dispuesto a resistir el avance de los militares que lideraba Augusto Pinochet, quien había sido su amigo y hermano en la Masonería Chilena. El Golpe de estado había sido debidamente planificado en los despachos de la Casa Blanca, Nixon había prometido que no permitiría la continuidad del Gobierno de Allende en Chile y su secretario de Seguridad, Henry Kissinger, reconoció en sus memorias que, el presidente había dispuesto hacía algún tiempo, 40 millones de dólares para desestabilizar la economía chilena.
Salvador Allende, médico cirujano, hijo de Salvador Allende Castro, que había sido miembro del partido radical, abogado del Consejo de Defensa Fiscal en Valdivia, de donde fue promovido a relator de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, relatoría a la que renunció para desempeñar el cargo de notario público y de hacienda de esa misma ciudad y miembro activo de la Gran Logia de Chile. El pequeño Salvador no sabia pronunciar el diminutivo de “salvadorcito” y a media lengua se parecía a Chicho, así que desde entonces fue conocido como Chicho Allende.
Este demócrata, socialista y firme partidario del camino hacia la igualdad y la libertad popular pacíficamente, mediante el sistema democrático, pero lejos de cualquier posición fundamentalista que pudiese entenderse vinculada al sistema imperante en la antigua URSS.
Chico Allende, fue un marxista convencido, pero, ante todo, era partidario de la vía pacífica como portavoz del pueblo y buscaba dar respuesta a las necesidades de las clases más desfavorecidas.
Se desplegaba la “Operación Silencio”, que consistía en un despliegue militar que acallara todos los sistemas de comunicación entre esa ciudad y la capital. A las cuatro y media de la mañana, las tropas de Merino atacaron y capturaron las radios afines a Allende y las Fuerzas Armadas iniciaron así sus transmisiones en cadena a través de Radio Agricultura y las 5:00 el agregado militar de la embajada de EE. UU. informaba del despliegue militar y de que la fase de la Operación Cóndor en Chile estaba en marcha.
A esa hora Allende fue despertado en su residencia: le dijeron que la Armada estaba en plena tarea de copar Valparaíso. En esos días, las naves de la flota chilena participaban del “Operativo Unitas”, un ejercicio militar con fuerzas navales de Estados Unidos.
Los jefes militares ordenaron evacuar La Moneda y le rendición incondicional de Allende y sus seguidores. El presidente, así lo muestran las últimas fotos en vida, llevaba un casco y una ametralladora AK 47 que le había regalado Fidel Castro en su visita a Chile, en 1971. Junto al presidente estaban los miembros del GAP (Grupo Amigos del Presidente) dispuestos a defenderlo con las armas en la mano. Allende ordenó evacuar La Moneda, dijo a mujeres y empleados que se fueran, dio a elegir a los Carabineros de su guardia y lo dejaron solo con el general José María Sepúlveda a la cabeza: era el jefe de la guardia y debía defender al presidente, él se trasladó a la segunda planta. El informe forense oficial, habla de un tiro de fusil con entrada de bala debajo del mentón que destruyo la cara y el cráneo del presidente, sin embargo, desde el exilio en México su viuda Hortensia Bussi, declaró que a su esposo le habían disparado por la espalda y en el estómago; nunca lo sabremos con certeza, pero podemos estar seguros de que Chico Allende dio su vida por la libertad, la igualdad y la democracia.
A las siete cincuenta y cinco, Allende habló por Radio Corporación, se dirigía a la población en estos términos: “Trabajadores de Chile: les habla el presidente de la República. Las noticias que tenemos hasta estos instantes nos revelan la existencia de una insurrección de la Marina en la Provincia de Valparaíso. He ordenado que las tropas del Ejército se dirijan a Valparaíso para sofocar este intento golpista. Deben esperar las instrucciones que emanan de la Presidencia. Tengan la seguridad de que el Presidente permanecerá en el Palacio de La Moneda defendiendo el Gobierno de los Trabajadores. Tengan la certeza que haré respetar la voluntad del pueblo ….No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad, que es hacer cumplir el programa del pueblo…. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor. Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta Patria”.(…..) (…) Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”
Su programa de gobierno contempló la construcción de un Estado popular, con una alianza política que reunió a toda la izquierda, más fuerzas de centro. A nivel internacional, el gobierno de Allende se enmarcó en la Guerra Fría y en el enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo a todo nivel, lo que se expresó en la alta influencia de los países extranjeros en el proceso chileno.
En carta dirigida a Gregorio Peces barba, como Rector de la Universidad Carlos III, y en agradecimiento por habérsele otorgado a título póstumo la medalla de honor al mérito, su hija escribía: Salvador Allende “Nació en una familia de clase media vinculada al quehacer político y a la actividad profesional; en su seno recibió la influencia filosófica renovada heredera de la Ilustración y las ideas libertarias, solidarias y republicanas que se originaron en la Revolución Francesa, las que marcaron indeleblemente su pensamiento. Desde muy joven Salvador Allende manifestó interés por los asuntos públicos. Su acercamiento al marxismo no lo inicia en círculos académicos, en los cuales posteriormente participó. Fue su amistad con un zapatero anarquista, quien a través de sus libros y sus comentarios lo introdujo al estudio de la teoría marxista. Siendo estudiante universitario se involucró en las luchas políticas, la que en la década de los treinta le significó luchar contra la dictadura del General Ibáñez. Esto le valió ser encarcelado, sometido a Cortes Marciales, y finalmente relegado al norte del país. En 1932 recibió su título de doctor en medicina y en 1933 participó en la fundación del Partido Socialista”.
Aquel 11 de septiembre de 1973, algo se quebró en la senda del progreso, el poder sin alma del capitalismo, hoy mas extremo que nunca, aliado a las fuerzas conservadores y retrograda, buscan la destrucción definitiva del camino hacia el progreso de la humanidad y el bienestar de la ciudadanía, hoy mas que nunca el recuerdo de los aciagos días de septiembre, al tiempo que se esperaba la primavera, se descargó uno de los más crudos inviernos políticos de América Latina.
Nuestra memoria debe de permanecer limpia, despierta y alerta, para evitar que la historia descargue nuevamente su furia aniquiladora de las vías progresistas para conseguir una ciudadanía universal más libre e iluminada.
Andrés Cascio
Andrés Cascio, Doctor, Psicólogo Social, Conferenciante y articulista. Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) Director de Proyectos de UNICEF (Panamá) 1976 y del Fondo Social Europeo. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades y Escuelas de Negocios de España e instituciones de altos estudios y América Latina. Presidente Club de Opinión Liber Cogitatio. Co director de la Revista Suum Cuique Ius. SCME.
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