Luis Martín-Santos
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Tribuna Libre
- Su olvidada trayectoria de dirigente del partido socialista en años de represión y silencio impuesto -
Son las generaciones luminosas
que fueron, pero aun viven, que aún existen.
Vicente Aleixandre
No prestamos atención a muchos Centenarios, quizás porque el pasado tan importante para interpretar las claves del presente, cada vez nos interesa menos. El de Luis Martín-Santos (1924-2024) está pasando como de puntillas entre la abulia y la frivolidad.
Apenas se presta atención a su “Tiempo de Silencio” (1962), una obra pionera en la renovación literaria durante los años de plomo. Nos abrió una senda poco o nada transitada, en lo concerniente a la narrativa experimental.
En cuanto a Luis Martín-Santos por regla general, se sabe muy poco de su figura. Fue siempre polémico, renovador y rompedor. Una de las facetas que más se desconoce es su militancia política. Se afilió al Psoe y, no sólo eso, sino que como miembro de la Ejecutiva era el encargado de enlazar lo que entonces se llamaba el interior con el núcleo dirigente de Francia.
Es un deber de memoria deshacer clichés y lugares comunes, poniendo cada cosa en su lugar. El Partido Comunista fue clave en la lucha contra la dictadura, mas hay que cuestionar esa maledicencia de cien años de historia y cuarenta de vacaciones. Las cosas no fueron así y hay que mirarlas retrospectivamente, con rigor.
Hoy, cuando tanto se habla de guerras culturales, cuando desde determinadas instancias de poder se fomenta la superficialidad y la intranscendencia como mecanismos de control, es más necesario que nunca permanecer atentos y denunciar, con valentía, que determinados núcleos de poder, sus voceros y altavoces, se alimentan de nuestras inseguridades y miedos. Es más, sin que seamos del todo conscientes, cada día padecemos más manipulaciones algorítmicas que al igual que vampiros nos van arrebatando el control sobre nosotros mismos. Puede que exagere, mas me parece que la inteligencia artificial contiene muchas trampas hábilmente tendidas, que amenazan con hacer que acabemos vistiendo el ropaje uniformista de una supuesta libertad, que en realidad es esclavizadora.
Tras este breve excurso, volvamos a Martín-Santos. El título de “Tiempo de Silencio”, además de una novela que abría diversos caminos marcadamente europeístas y cosmopolitas, venía a ser la definición de la España sombría, triste y represiva que le tocó vivir y frente a la que reaccionó.
Fue un espíritu inquieto, cuando residió en Madrid se relacionó con Castilla del Pino y con los movimientos culturales más vanguardistas. Pronto, a mediados de los cincuenta, se aproximó y colaboró con la ASU (Asociación socialista universitaria) donde tuvo la oportunidad de dialogar y confrontar ideas con Javier Pradera, Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente… entre otros.
Son conocidos los incidentes de 1957. Su compromiso fue a más y se decidió a ingresar en el Psoe, del que llegó a ser dirigente.
Jugó un papel decisivo para orientarlo, un hombre cuya memoria hay que reivindicar y que derrochaba capacidad organizativa y entusiasmo, me estoy refiriendo a Antonio Amat al que habrá que volver por la importancia que tuvo en esos momentos.
El Partido socialista estaba vivo, prueba de ello son las caídas de sus dirigentes en esos años. Es una época que se conoce poco. Entre mis recuerdos figura lo que me contaban los amigos de mi padre, que habían pasado por las cárceles franquistas o que iban regresando del exilio.
Trabo amistad y empatizó con Ramón Rubial. Mantenía discusiones con Enrique Múgica, que ya había abandonado el Pc y militaba en el Psoe.
Era necesario mantener una comunicación entre el interior y el exterior. Luis Martín-Santos cumplió esa función. Era elegante, buenos modales e ideas innovadoras… que se adelantaban a lo que más tarde se puso de manifiesto en los Congresos de Toulouse y Suresnes.
La dirección del exterior se iba progresivamente estancando y fosilizando. Seguía muy apegada a las heridas abiertas en el seno de la izquierda. Luis Martín-Santos, como Gómez Llorente o Carlos López Riaño ya eran partidarios de un mayor protagonismo del interior y de coordinar acciones con otras fuerzas políticas con el objetivo de socavar la dictadura.
Ahí está la semilla, el germen de lo que fue la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia, que desembocaron en la Platajunta. El choque era inevitable. La visión y la estrategia del interior y del exterior, se iba abismando. Uno de los puntos de divergencia era la colaboración con otras fuerzas de izquierda.
Es de destacar que Luis Martín-Santos tenía las ideas propias de un socialismo democrático y rechazaba tanto el nacionalismo vasco –sus vínculos con Donostia eran profundos- como el centralismo español tan agresivo y excluyente.
Me parece interesante destacar que “Tiempo de silencio” que causó un fuerte impacto entre las vanguardias, sufrió la amputación y censura de más de veinte páginas y no se publicó integra hasta una fecha tan tardía como 1980. “Tiempo de silencio” es un fiel reflejo del ambiente del momento en que fue escrita. En los primeros sesenta hablar de estilo indirecto libre o monólogo interior era, desde luego, una rara avis.
Sus innovaciones formales en la línea de James Joyce, eran incomprensibles para el denominado realismo social. Martín-Santos acuñó el término realismo dialéctico que, como tantas otras de sus propuestas, cayó en el olvido.
Era asiduo del Café Gijón. Allí conoció y trató, entre otros intelectuales inquietos, a Juan Benet y a Rafael Sánchez Ferlosio. Son asimismo apreciables sus preferencias y lecturas literarias y de pensamiento. Leyó a Jean Paul Sartre y se interesó por el existencialismo cuando muy pocos lo hacían. Entre sus obras literarias predilectas citaba con frecuencia “Volverás a Región”
Como psiquiatra, unía a su formación como médico, una preparación filosófica sólida. Se interesó por el psicoanálisis en un momento sombrío en nuestra cultura. Manejaba con soltura el pensamiento de Dilthey y Jaspers, sobre todo en lo concerniente a enfermedades mentales.
Su faceta de activista y de enlace no debe olvidarse. Pasaba muchas horas en la carretera… eso naturalmente, influyó en el accidente que le costó la vida.
Detenido y encarcelado en varias ocasiones, es una prueba viva de que desde el Psoe también se luchaba contra la dictadura.
Al recordar a Martín-Santos en su Centenario, no hay que desligarlo de una España amedrentada, llena de miedos… donde se torturaba y reprimía con dureza cualquier intento de cambio… mas, donde surgió la semilla de la renovación. Atrás han quedado los estados de excepción, las experiencias de la tercera galería de Carabanchel y los abnegados ejemplos de lucha y sacrificio por la democracia y los derechos humanos. Una España donde leer un libro de Tuñón de Lara era motivo de un proceso y varios años de cárcel.
No hay que olvidar, tampoco, que ese largo tiempo de silencio tuvo muchos cómplices… que son quienes más se oponen a que se conozca con detalle, lo que aconteció en esos años de plomo.
El compromiso de L. Martín-Santos fue político, mas también, social y cultural.
De cuando en cuando, conviene releer de forma crítica y heterodoxa el Manifiesto Comunista. Hace años que no se cita el lúcido y anticipatorio comentario de Marx y Engels, sobre los intentos de convertir lo sólido en algo volátil que se disuelve en el aire.
Aquí y ahora, es constatable que no pocos siguen en ello con las peores intenciones.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
Lo último de Antonio Chazarra Montiel
- Hoy el mundo es un lugar mucho menos seguro
- En este periodo sombrío, deshumaniado y miserable... Pablo Iglesias Posse, está más vivo que nunca
- Manel Esclusa: un fotógrafo que oculta la realidad sostenible y nos invita a aventurarnos en nuestros paisajes interiores
- Contra el blanqueo revisionista de la dictadura franquista
- Razones para rendir un tributo de admiración a José María Jover (1920-2006)