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La agonía de Francia


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

UN ALEGATO DESGARRADOR A FAVOR DE LA DEMOCRACIA PARLAMENTARIA

“Chaves Nogales conservó la excelente costumbre de mirar y

de contar con claridad y pasión lo que estaba viendo”.

Antonio Muñoz Molina

La agonía de Francia es mucho más que un texto polémico y duro. Pone de manifiesto su independencia de criterio, su integridad intelectual y su compromiso con la democracia, aunque también, su vulnerabilidad.

No sólo es un ensayo lúcido sobre aquellos años convulsos, en los que el nazismo parecía imparable y se apoderó de Francia sin apenas resistencia. Es una lúcida advertencia para los europeos de ahora mismo. Sus reflexiones poseen una actualidad, difícilmente cuestionable y constituyen un aviso para navegantes.

Se ha intentado “falsificar” y, en cierto modo, “degradar” la figura de este periodista incorruptible. Acusándolo de ser equidistante. Amigo y colaborador de Manuel Azaña. Cuando huyó a Francia hizo lo que mejor sabía, mantener sus posiciones en distintos medios, tanto franceses como latinoamericanos. Un dato incontrovertible es que estaba fichado por la Gestapo y que si no hubiera abandonado, precipitadamente suelo francés, hubiese corrido la suerte de los también periodistas Zugazagoitia o Cruz Salido.

Analiza con rigor implacable, las causas de distinta índole, que llevaron a Francia a sucumbir ante el nazismo hitleriano. Desazonado, intenta explicarse como la nación que había sido “referente” de la democracia, hincó la rodilla en tierra y claudicó sin apenas resistencia, ante la barbarie.

En los días finales de 2024, tiene pleno sentido releer esta obra que se publicó en Montevideo en 1941. Ochenta y tres años más tarde pueden establecerse correlaciones con la actual Europa errática, desnortada y sin fe en el futuro.

Es el nuestro un tiempo aletargado, sombrío, alienado y que ha perdido su capacidad de compromiso con las causas nobles.

A Chaves Nogales le preocupaba –y sigue preocupándonos hoy a muchos- la manipulación de la realidad, que se estaba y se sigue produciendo. Da la impresión de que la dialéctica, que puede ser un arma de doble filo, es profusamente empleada en la vertiente más tóxica.

Manuel Chaves Nogales lo advirtió con agudeza. Le causó una herida profunda la deslealtad de los franceses con los valores democráticos. Tal vez, por eso, La agonía de Francia es un almacén de memoria. Todo se torna oscuro y lúgubre cuando las luces de la Ilustración… lenta pero perceptiblemente, se van apagando.

Hay que reaccionar contra “una memoria selectiva” que con sus proclamas simplistas, oculta todo lo que no interesa a sus intereses espurios. Para comprender la realidad con sus cobardías, su mirar para otro lado y sus contradicciones, no puede prescindirse del “recuerdo de lo que fue”.

El odio y la cizaña son “heraldos negros” del totalitarismo. Antes y ahora, los arribistas son y han sido cómplices de que los populismos simplistas y belicistas vayan ganando terreno ante la impotencia e indiferencia generalizada.

Chaves Nogales describe como, cuando el Gobierno Republicano se trasladó a Burdeos, las primeras decisiones del colaboracionista Mariscal Petain, fueron encarcelar a los demócratas que podían estorbar sus planes. Poco después ante el silencio cobarde, los trenes repletos de judíos, republicanos españoles, activistas italianos… comenzaron a partir hacia Auschwitz. La república francesa y sus valores se estaban derrumbando estrepitosamente.

Conviene recordar que Chaves Nogales gustaba definirse como firme partidario de un sistema democrático. Fue un progresista que se identificaba con los valores republicanos.

Asistió, con un nudo en la garganta, a la “descomposición de la democracia francesa” que se vino abajo como un castillo de naipes. En todo momento reivindicó con ardor y sin desmayo, “la superioridad de la democracia frente a la barbarie y al totalitarismo”.

Sus valientes reportajes Bajo el signo de la esvástica, que había publicado con anterioridad y sus diatribas contra Hitler, lo convirtieron en blanco de los nazis y pronto figuró en las listas “de los más buscados”.

Tuvo muy claro que lo que estaba sucediendo “era una lucha de la barbarie contra la civilización”.

Quienes colaboraron, de una forma u otra, con los invasores le asqueaban. Compatriotas que delataban a otros compatriotas. La mitad de Francia espiando y denunciando a la otra mitad. Cientos de miles de franceses tenían mucho que ocultar… esas heridas abiertas han tardado tiempo en cicatrizar, si es que lo han hecho.

Vivir bajo el miedo acobarda y degrada. En esas ocasiones el silencio beneficia a los criminales. Es necesario recordarlo –volviendo a leer La agonía de Francia- en estos momentos donde vuelven a soplar vientos de integrismo, insolidaridad, fanatismo e intolerancia.

Por la cuenta que nos tiene no debemos traicionar la memoria. El sentido crítico nos permite observar los hechos acaecidos con cierto distanciamiento, mas explorando con mucho cuidado las sucesivas “capas de la cebolla”. También, con mucho cuidado hemos de conjugar, asimismo, los verbos “saber y temer”.

Hemos de reponernos cuanto antes y recuperar algo indispensable para seguir viviendo: la fe en el futuro. Europa se ha convertido en un espacio hostil para los refugiados y otras minorías vulnerables. Los nacionalismos excluyentes la están socavando desde dentro. Una serie de escarabajos, a plena luz del día, hacen rodar bolas de estiércol, cada vez más grandes. Chaves Nogales atribuye a la descomposición moral y al derrotismo, una de las principales causas del hundimiento. Una prueba más de esta abyección es la indignidad de “entregar” refugiados a la Gestapo.

Los totalitarismos se alimentan de miserias, individualismos deshumanizados y desigualdades lacerantes. Por el contrario Chaves Nogales repetía incansable, “no hay una forma humana superior al diálogo… ni un sistema de gobierno más perfecto que una asamblea deliberante”. El embrutecimiento de las masas que se inclinan de forma desaforada por el progreso material, despreciando el progreso espiritual, nos aproxima al abismo…

La agonía de Francia, es una lección admirable de periodismo histórico. Me parece de justicia recordar algo que Chaves Nogales expone con rotundidad. Muchos intelectuales franceses –especialmente al principio- no vacilaron en colaborar con los invasores, aunque hubo otros que participaron activamente en la Resistencia.

Hay que estacar la admirable actitud moral y política de Albert Camus, en un país que no supo estar a la altura de las circunstancias. Es justo recodar que La peste es una alegoría evidente de Francia bajo la ocupación nazi y la extensión contagiosa de un virus tóxico.

Chaves Nogales se refugió en Gran Bretaña donde continuó su lucha… cada vez más decepcionado ante la actitud del gobierno inglés con la República española. Fue el suyo un duro aprendizaje. Vivió numerosas derrotas y claudicaciones que dieron a su periodismo combativo un tono pesimista, sin dejar de ser lúcido. Hoy, muchos años después, su análisis racional de los acontecimientos nos sigue ayudando a situarnos en el mundo.

En cierto modo, reconquistar la democracia, en buena medida amenazada, desvirtuada y pisoteada por totalitarismos fascistoides, es la alentadora conclusión que se extrae de leer con detenimiento La agonía de Francia.

Nos legó en su libro La España de Franco, del que nos ocuparemos otro día, unas palabras proféticas sobre las que debemos meditar, porque explican lo que pasa y lo que nos pasa. Ese es otro de sus avisos para navegantes, “la empresa del totalitarismo sería imposible en España, sin resucitar artificialmente la división y el odio entre los españoles”.

Hoy, transcurridos muchos años desde su publicación, La agonía de Francia, se ha convertido en un ensayo histórico de obligada consulta, para entender no sólo el pasado… sino nuestro presente.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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